miércoles, 9 de mayo de 2012

Flor de Jade: Elige Tu Destino. Acto VI Océanos de Tiempo


Acto VI

Océanos de Tiempo




No podía dejarle marchar.
No así. No después de aquella tormenta de información que apenas si asimilo.

Jäak Vihyou: un hombre enigmático, que surge de las sombras, que me tienta a buscarle para confesarme que hubo un tiempo que no recuerdo en el que yo fui asesina en una hermandad casi desconocida. Me asegura que él fue uno de mis objetivos pero que no cumplí aquel encargo y que él mismo me borró la memoria. Me advierte de que alguien de mi círculo cercano me ha traicionado, que culpa por de ello he matado a un hombre poderoso en esta ciudad.
Me dice que estoy en peligro y se marcha.

¿Realmente cree que esto se puede saldar así? ¿Que puedo dejarle ir sin más?
No ha sido claro, no lo ha sido. Ha estado jugando conmigo.
Me abre más dudas de las que cierra. Me deja más huecos de los que allana.
           
Y sobre todo él…
Su presencia es intensa. Ni los océanos de tiempo en mi memoria son capaces de ocultar que este hombre no es solo una anécdota que no ubico en mi vida. No es solo alguien que vive porque en algún momento no supe o no pude arrebatarle el aliento.
Viene para decirme que existe, no solo para advertirme. Vuelve pero se marcha. Me guste o no esta situación, él es, por el momento, la única pieza con la que puedo seguir jugando en este extraño rompecabezas en el que se ha convertido mi vida.

Salgo por la puerta por la que él ha desaparecido hace un instante y ya no hay rastro de su paso por el lugar. Parece una casona grande, aunque descuidada y vacía. Ni siquiera sé si estamos en la misma zona de la ciudad. Oigo un ruido en la planta de abajo y pierdo todo interés por seguir ubicándome. Me centro en ese sonido que sigo con todo sigilo como si fuese un panel de direcciones claras.
Sorteo habitaciones frías, pasillos sombríos y un gran salón antes de dar con lo que parecen las bodegas de la casa. El sonido ha venido de allí. Había un sutil eco, una leve reverberación. Estoy segura que provenía de ese lugar. Es entonces cuando mis ojos se ponen a buscar atentamente algún tipo de rastro de Jäak.

Me resulta extraño que no me cueste esfuerzo hallar un débil vestigio de polvo que muere frente a un enorme botellero. Mide más de un metro de alto y en él las botellas se alinean a la perfección cubiertas por una pátina que delata su envejecimiento… todas, menos una.
Sigue resultándome increíble comprobar cómo sé lo que tengo que mirar, dónde poner especialmente la atención. Es como conocer las respuestas antes de imaginar siquiera la pregunta.  
Al intentar extraer esa botella, tal y como esperaba, no sale pero activa un resorte. Un panel de madera en la pared opuesta se descorre revelando un pasaje tras él. Ese es el sonido que me condujo hasta aquí. Jäak ha debido usar el pasaje para salir de la casa.
Respiro profundamente antes de cruzarlo. Mi corazón late ante la perspectiva de volver a lanzarme a las tinieblas con esta sensación de que en realidad vengo de regreso del infierno, aunque no lo recuerde.
No se divisa luz al otro lado. Huele a humedad condensada.
Afianzo el puñal entre mis dedos. Casi tengo que saltar cuando se activa el cierre automático del panel y yo me encuentro aún decidiéndome si avanzar o no.
El clic a mi espalda me indica que no hay vuelta atrás y por un momento toda luz desaparece. Trato de no ponerme nerviosa y palpo la pared para darme seguridad. Mis sentidos vuelven a ponerse en marcha sin mi permiso. Cierro los ojos para concentrarme solo en la información que recibo de mis oídos y mi tacto. Mis pasos son dubitativos al principio pero enseguida me siento cómoda y comienzo a avanzar sin problema. Siento la soledad en el pasaje. Ni siquiera mis pasos interrumpen ese silencio.
Es un tramo largo pero en línea recta. Muere en unas escaleras de metal que suben hasta el techo. La trampilla da a una nueva estancia.
Esta vez reconozco el lugar. Es aquel edificio del puerto por donde entré.
           
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Sigue siendo de noche cuando vuelvo al callejón. Un rápido vistazo para  orientarme y salgo a hurtadillas buscando movimiento. En una de las bocacalles anexas me parece ver una figura que avanza en la lejanía. El puerto está silencioso y desierto así que el corazón parece palpitarme de alegría cuando reconozco al hombre al que pretendo seguir en aquellas formas lejanas.
Me apresuro.

Quedo a distancia de prudencia para poder vigilarle sin llamar demasiado la atención. No vuelve la vista en ningún momento. No sé si es porque es un hombre demasiado confiado o si por el contrario imagina que le sigo y me conduce a algún lugar. No sé qué esperaba en realidad que hiciese dejándome en aquella casa de esa forma… ¿qué me instalase allí? Mi cabeza vuelve por un instante a la conversación que mantuvimos. No sé qué demonios quiere de mí.
Le sigo por un buen número de calles, desiertas y húmedas que se alejan un poco de la zona portuaria y se adentran en las primeras manzanas de transición. Allí, asombrosamente, se detiene en frente de una gruesa puerta a la que llama. Es la primera vez que lanza un rápido vistazo a su alrededor. Yo tengo suerte de tener cerca una esquina en la que refugiarme. Cuando vuelvo a mirar, le descubro entrando en aquel  edificio.

Es una construcción sólida de casi tres plantas con ventanas enrejadas. Me doy unos segundos de margen antes de aproximarme a la puerta y echar un vistazo por mi misma. No tendría nada destacable si no fuese por un pequeño símbolo que no pasa desapercibido en la clave del arco que la enmarca. El símbolo no deja lugar a dudas. Algo en mi pecho se detiene: La Orden de Ylos.

Es una casa franca de la Orden de Ylos, la red de informadores. Solo los Familiares de la Orden podrían entrar en ese lugar.
Se me hace un nudo en la garganta y mis rodillas comienzan a temblar.
Solo por dos motivos Jäak Vihyou podría tener acceso a este lugar. O es un espía, o es un chivato. Ninguna de las dos cosas me parece buena para mí. Ninguna de las dos me encaja ante lo que me ha contado.

En mi cabeza se mezclan un millón de alternativas.
Ahora sí que es verdad que no tengo ni idea de qué puedo hacer. Una de las personas a las que maté en aquella celda pertenecía a esta Orden de informadores. Una de esas personas que, estaba claro, no tenía intención de hacerme pasar un buen rato.
O Jäak me miente…
"Ylos" by CHARRO

Con la cabeza colapsada tardo en percibir una presencia a mi espalda. Soy consciente de ella cuando noto la presión de una mano sobre mi hombro.
Mi reacción es tan rápida como directa. Mi cuerpo vuelve a reaccionar por sí mismo, casi mecánicamente. Agarro la muñeca que me toca el hombro, giro, la retuerzo doblando con ella el cuerpo al que pertenece. Mi cuchillo queda besando la carne de su cuello. Ha sido casi un parpadeo, tanto para él como para mí. No sé quién de los dos se sorprende más en esa situación.
—¡¡Lya, por Cleros!!  
Reconozco la voz desesperada, la silueta que tengo totalmente a mi merced.
—¡Täarom! ¿Qué haces aquí? ¿Me has seguido?
—Es obvio que te he seguido.
Sigo un poco conmocionada y ni contesto ni relajo la presa ni la amenaza del cuchillo. Se hacen unos segundos incómodos de silencio.
—¿Vas a soltarme?
—No sé si fiarme de ti.
—¿Que no sabes… si fiarte? —El tono de estupor llena cada palabra pero mantengo bien firme el agarre. Confieso que estoy tan descolocada que ya no sé que hacer—. Y yo ¿debería fiarme?  Has aparecido en la Sirena vestida de agente de Ylos. Te dejo sola un rato y terminas delante de una de sus casa francas ¿Qué cuernos está pasando, Lya? No sé quién de los dos debería dar las explicaciones a quien.

En algo tiene razón Täarom: estamos delante de una de sus casa francas. Si esas lenguas viperinas de Ylos tienen ojos y oídos en todas partes, motar una escenita delante mismo de sus narices es como provocar a un oso.
Aún bien sujeto de la muñeca y con el cuchillo en la garganta le obligo a caminar a mi merced hasta un callejón próximo.
—Las explicaciones las da quien tiene el cuchillo en el cuello ¿No te parece? ¿Alguien te ha mandado que me sigas?
—Nooo ¿estás loca? Si le digo a alguien que te he dejado salir a estas horas colgarán mis pelotas de un gancho solo por diversión. Me las estoy jugando por taparte el culo, encanto. Tú mejor que nadie deberías saberlo Pero claro, idiota de mí pensé que podías tener problemas sola por estas calles. Yo que pensaba que la gata peligrosa era Xandrilla y resulta que eres todo un Escorpión.

Täarom hace el juego de palabras con una de las bandas más peligrosas de la ciudad, Los Maestros de las Dagas, conocidos vulgarmente como Escorpiones, sin embargo, es precisamente esa referencia la que me hace aflojarle la presa. Acabo de ser consciente de que necesito agarrarme a un clavo ardiendo y en este momento solo le tengo a él.
Le suelto. Me aparto y le dejo frotarse instintivamente el cuello.
—No te conozco, Lya. No sé qué diablos está pasando. Aún no he parecido la esperanza de que me lo cuentes. Si te has metido en un lío…
Mientras habla, pienso.
Mientras habla, sopeso.
Necesito arriesgarme o este callejón seguirá sin salida.

—No te recuerdo, Täarom. No sé quien eres. —le confieso. Él se silencia de inmediato y arruga el entrecejo. Cree por un momento que no hablo en serio—. Desperté hace unas horas en una celda, desnuda y atada. Las señales que viste debieron hacérmelas allí. No las recuerdo. No recuerdo nada, nada antes de ese momento. Ni a ti, ni a nadie. Ni siquiera me recuerdo a mi misma. Mi mente está vacía.

—Creo que necesito una copa —asegura después de un instante en silencio en el que no deja de mirarme con intensidad, quizá buscando algo que delate que estoy bromeando. Es obvio que no lo encuentra.
—La acepto.
—Conozco un garito discreto no lejos de aquí. Creo que deberíamos de hablar.

Es cierto. Debemos hablar.  

***

Es un antro escondido que Täarom me asegura que es de confianza. La poca clientela nos mira al entrar pero no nos molesta. Täarom asegura que hay pocos lugares donde una chica como yo pueda pasar desapercibida y este es uno. Con todo, se asegura de exhibir abiertamente el tatuaje en su cuello que le delata miembro de los Corsarios, la banda a la que pertenece y que está al cargo de la seguridad y protección de la Sirena. Es el único modo de evitar tener problemas en esta ciudad.
Pide dos copas de Aguamar Ardiente y nos refugiamos en un apartado rincón de la sala. Me mira con intensidad. Ahora sus rasgos no me parecen tan jóvenes como al principio. Su mirada es profunda. Me invita a iniciar la conversación.
Me cuesta comenzar a hablar. Tras varios segundos de duda se decide él a romper el hielo.


—Dices que no recuerdas nada…
—Así es. Mi memoria es un vacío.
Él suspira… toma un sorbo largo de su copa y trata de relajar su rostro.
—… y no sabes cual es la causa. No tienes ni idea de porqué tus recuerdos se han evaporado.
—El hombre al que viste… asegura que él es la causa, pero…
—¿Puedes hablarme de él? ¿Por qué fuiste a verle?
Cierro los ojos y me muerdo los labios. 
Todo lo que pienso suena a delirio en mi mente.
—Alguien tropezó conmigo en la puerta de la Sirena. Metió una nota en un bolsillo. Una nota que me hacía entender que alguien estaba al tanto de lo que me estaba ocurriendo, como si me hubiese estado observando. Ponía una dirección, por eso te pedí que me cubrieses. Descubrí la nota al desnudarme en la habitación.
—¿Quién era? ¿Tiene un nombre?
Dudo.
—Verás Täarom… no quisiera dar algunos datos hasta estar segura de en quien puedo confiar.
Mi compañero arruga el entrecejo.
—¿En quien puedes confiar?
—Él me dijo que alguien de mi entorno me había traicionado. Que parte de mi situación era a causa de eso. Mi entorno solo puede ser la Sirena y eso incluye…
—Entiendo —dice asumiendo la situación—. Eso me incluye a mi.
—No es algo personal… pero…
—De acuerdo, lo entiendo. Es complicado para mi, pero lo entiendo.
Hay un velo de sinceridad en su mirada y la chispa de una sonrisa en sus labios me da confianza.
—No sé cuánta relación tenemos. Espero que sepas disculpar que…
Su sonrisa entonces se vuelve aún más abierta.
—Tranquila, nunca tuvimos una relación cercana. Tú eres… eres… —percibo su duda. Al fin se confiesa—. Bastante inaccesible, ya sabes. Eres una de las chicas favoritas. Nunca me diste mucha conversación. Sueles ser bastante distante con todos aquellos que no son clientes, no te ofendas. Os pasa a todas.
Aquella confesión me deja un poco aturdida. Me ofrece una imagen de mi que ni siquiera recuerdo. Me siento casi en la obligación de disculparme. Sea como sea, él es quien está ahora aquí, escuchándome. Me lamento haber tenido ese trato indiferente que asegura. Acepta mis disculpas y le resta importancia.
—Podrías hablarme un poco de ese entorno, puede que me ayude a recordar.
—Solo si luego tú me cuentas con detalle lo que ha ocurrido desde que despertases.
Acepto el trato y lo sello con una sonrisa que busca ser sincera y amable.
—Bien, trataré de ayudarte. ¿Por donde quieres que empiece?
—Empieza por ti mismo.

Vuelve a sonreír, esta vez con timidez. Se diría que le he sonrojado un poco con mi petición.
—No hay mucho que contar de mi —asegura. Señala el tatuaje en el lado derecho de su cuello —Soy parte de los Corsarios, la banda que controla el distrito y ofrece seguridad a la Sirena Varada.
—Así que eres un matón.
—Soy algo un poco más sofisticado. Soy un especialista. Si hace falta un trabajo de “limpieza”, me llaman a mí. Si hace falta un experto en cerrajería, me llaman a mí. ¿Alguien que prepare el terreno? Soy tu hombre.  Y si tengo que jugarme el culo por una de las chicas… no hace falta que me llamen, como ves, eso me lo busco solo.
Aquel gesto de franqueza me arranca una sonrisa. Él parece complacido. 
Continúa.
 —En la Sirena se compran y se venden favores, no siempre carnales. Diva usa a sus chicas en secreto. Yo suelo estar detrás, por si hay algo que arreglar.
—Así que también somos espías… —algunas cosas comienzan a corroborarse en mi cabeza. No era solo mi intuición, es un dato que realmente recordaba, por lo que no todo es vacío en mi memoria.
—No solo eso. Sois favores, sois espías, ladronas… a veces incluso asesinas. Todo el mundo lo sabe, pero nunca se ha probado. Porque a todo el mundo le interesa que eso siga siendo así.
Aquello me intriga.
—Explícate…
La Sirena es territorio franco. Todas las bandas pasan por sus habitaciones en algún momento. Todas usan los recursos secretos …y Diva se beneficia de ello. Obtiene inmunidad, respeto, posición… y mucho, mucho dinero.
—Háblame de ella.
—¿Diva? Inteligente, bella, fría… Un aspecto de cristal para alguien ambicioso cuya sangre élfica le permitirá seguir siendo bella y ambiciosa cuando nuestros nietos anden cavando su fosa.
Aquella descripción me hace saltar las alarmas.
—¿Lo bastante fría como para traicionar?
—Traicionar a según quien y según por cuanto. Es lo bastante rica y poderosa como para no dejarse arrastrar por cualquier oferta. Y no te dejes engañar. Diva es lista. Sus chicas son su fuente de poder, así que las cuida. Para ser lo que sois, vivís como princesas… al menos el grupo selecto.
—¿El grupo selecto?
Täarom me mira entrecerrando los ojos un instante.
—Todos los chicos y chicas de la Sirena Varada son selectos. Ninguno está al alcance de cualquier bolsillo, pero… hay un grupo de élite. Tú estás entre ellos.
—¿Ah, si? —Me extraño—. ¿Y qué tiene ese grupo?
—Versatilidad ante las… demandas de los clientes o… las necesidades de Diva.

Quedo pensativa. Empiezo a encontrar motivos para la traición interna si mi oficio aparte de calentar camas lleva implícito otras tareas.
—El hombre que viste asegura que he matado a alguien llamado el Príncipe Escarlata. ¿Qué puedes decirme de él?  
Los ojos de Täarom se abren como ventanales.
—¿Has matado al…? —El gesto de alarma de Täarom le hace subir la voz más de lo apropiado, pero se autocensura antes de que nadie en la sala se percate de ello —¿El Príncipe Escarlata ha muerto?
—Eso es lo que tengo entendido, si… —contesto con cierta ironía—. ¿Quién era?
—Es… era uno de los Señores más poderosos de la ciudad. Uno de los príncipes piratas. Controla el puerto, estamos en su territorio. Quien controla el puerto controla la mitad de las Bocas.
—¿Quién querría matarle?
—La otra mitad de las Bocas, está claro. Pero lo has hecho tú. Alguien debería salir beneficiado de esa maniobra y no tengo muy claro si sería Diva.
—¿Por qué?
—Últimamente se les veía juntos. Se rumoreaba que tenían algo.
—¿Un idilio?
La mueca en su cara adquiere un matiz irónico.
—¿Amor? ¿En Diva? No, si tenía algo con él eran negocios. Aunque todo el mundo sabe que Diva suele mezclar los negocios con el placer bastante amenudo.
Me froto el rostro. Empiezo a acusar las horas de falta de sueño.
—Sea lo que sea parece que Diva podría tener algo que ver.
—Por si lo has olvidado, está impaciente por hablar contigo.
—No sé si debo ser totalmente franca con ella hasta que no sepa algo más.
—Dime cual es el plan y te ayudaré encantado. Estar aquí contigo me convierte de alguna manera en tu cómplice.

Déjame pensar…



Opciones

1—. Regresaremos a casa de Jäak. 
(Quiero registrarla. Aún hay muchas cosas de ese hombre que no me encajan).


2—. Regresaremos a la Sirena
( descansaré un rato, luego hablaré con Diva tal y como ella quería. La dejaré tener la iniciativa)


3—. Registraré los aposentos de Diva
( Regresaremos a la Sirena pero te necesito para que distraigas a Diva antes de hablar con ella. Quiero ver si encuentro alguna pista entre sus objetos personales)

3—. Hagamos algo que nadie espera: Entrégame a la Casa Franca Orden de Ylos
(Forcemos la tormenta. Quiero ver hasta dónde llega su coartada).
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