miércoles, 11 de abril de 2012

Flor de Jade: Elige tu Destino. Acto III Resurrección



Acto III

Resurrección


Lya "Resurrección" by CHARRO



La Sirena Varada luce su descaro a ojos de la luna. Fue una antigua mansión y mantiene aún esa elegancia aristocrática en su fachada. Se sitúa en la frontera del puerto y el barrio alto, casi como frontera de dos mundos antagónicos.

He llegado por pura inercia. Casi por intuición.
Las Bocas nunca duerme y si lo hace, nunca es durante la noche. Sus calles son un hervidero de actividad y excesos. La Sirena es esa dama imposible que jamás pierde su elegancia. Tres plantas acogen todos los vicios concebidos disponibles solo para bolsas sin fondo en la Ciudad del Pecado. Aquí todo puede hacerse, aquí todo puede ganarse, si puedes pagarlo.

Este es mi hogar. Lo sé, pero no lo recuerdo.

Mis recuerdos inconscientes me han traído aquí sin error. No he dudado en una sola calle, en una sola esquina. La fachada de estilo Tyriano me produce una sensación encontrada. Sus luces y su bullicio me despiertan una cálida sonrisa. Como la de reencontrarse con un viejo amigo al que hace tiempo dejaste de ver.
Me detengo cerca del Boulevar de las Tres Reinas y observo el ostentoso recinto desde una distancia prudente.
Tengo un instante de duda que me atenaza la garganta.
La sensación de que me han estado siguiendo me persigue desde que comencé a caminar. Supongo que el uniforme que visto me hace un objetivo poco apetecible. Nadie quiere molestar a un informador. Vuelvo la cabeza hacia atrás pero no descubro nada que levante la menor sospecha o mejor debería decir que todos en estas calles parecen sospechosos. Respiro hondo y comienzo a caminar en dirección a la Sirena mientras me aseguro de que mi rostro queda oculto bajo la capucha. No sé qué voy a encontrarme ni cómo reaccionar ante lo que encuentre. Pero lo que más me preocupa es cómo reaccionarán aquellos que me conocen.
Una cerca dorada de varios metros de altura rodea la fachada y delimita unos bellos jardines al interior. Esa cerca tiene su propia «frase hecha» en las Bocas: Tener suficiente influencia como para cruzar la Cerca Dorada. Eso dice mucho del lugar en el que supuestamente trabajo.
Me quedo aún a distancia prudente, entre la masa de gente que curiosea al exterior o hace cola para entrar, aún entrevestida de sombras de los callejones aledaños. También observo mucho oportunista mezclado entre los que esperan. Carteristas, ladrones… toda una fauna habilidosa que pulula alrededor de la opulencia y el exceso como moscas sobre un cadáver.
Los jardines interiores también se llenan de clientes. Hay mesas y fanales de luz tenue que crean una atmósfera íntima y placentera. Algunos músicos tocan melodías que se escapan más allá de los barrotes.
Tengo fogonazos de memoria que me hablan del interior que aún no he visto. Lujo, madera labrada, paredes estucadas o pintadas al fresco con motivos florales. Las tres plantas y sus docenas de salas y habitaciones. Tengo imágenes de rostros que conozco y frases que se me pierden en la memoria…
Avanzo un poco más, hacia la gran cerca. Hay hombres armados en los accesos. Es entonces cuando identifico también al interior muchos otros hombres. Tienen rostros duros y cuerpos corpulentos. Los del interior disimulan sus armas y visten más acorde con el lujo que les rodea, pero tienen la misma función. Son matones. Proveen la seguridad.
Ando tratando de rescatar alguna información en los huecos de mi mente cuando alguien tropieza conmigo. Me desequilibra y me obliga a mirarle. También va embozado y se aparta pronto de mi para seguir su camino. El golpe me hace resentirme del dolor en las costillas.
—Mira por donde vas, estúpido —le grito enfadada. A cierta distancia, él se gira despacio. No puedo verle la cara pero parece un hombre robusto. Su voz agravada taladra mi memoria.
—¿Y tú? ¿Sabes realmente dónde vas?
           
            Queda un instante manteniéndome la mirada desde unos ojos inexistentes tras su embozo y dejándome envuelta en dudas, se gira y continúa su camino. Tardo en reaccionar. Cuando lo hago me descubro a mi misma demasiado cerca del grupo de entrada y de los hombres que la custodian. Percibo que algunos de ellos me miran con desconfianza. Pienso por qué puede ser y saco en conclusión que se trata de mi uniforme. Supongo que creen que soy una informadora y andan tensos. Uno de los hombres que guarda la entrada se aproxima hacia mí.
Trato de pensar con frialdad.

—Señora, ¿Algún problema? ¿Podemos ayudarla en algo?
Noto que su tono es, con toda probabilidad, mucho más amable de lo que suele ser con los desconocidos que husmean en los alrededores. Mi uniforme le intimida. Con todo, me juego la carta.
—Soy Lya. Tengo que entrar.
            —L… ¿Lya?

Me arriesgo a levantar un poco la capucha y observo su cara palidecer cuando contempla mi rostro aún con rastros de sangre. Da un par de pasos hacia atrás. Y me hace un gesto para que aguarde allí.
            Le veo regresar a la puerta de la cerca y hablar con otros hombres. Uno de ellos se vuelve hacia el interior y se apresura a llegar a la mansión. Se pierde en ella.
            Espero unos minutos que se me hacen eternos.
Cuando regresa, lo hace acompañado. En un hombre joven de rostro magnético. Sus gestos me advierten que tratan de disimular una urgencia que busca pasar inadvertida. Los ojos de ese nuevo acompañante se escapan de cuando en cuando hacia mi dirección, tratando de confirmar mis rasgos, imposibles de adivinar en la distancia. Llegan a la cerca y el guardia queda en su posición y vuelve a sus tareas de controlar el acceso mientras que el joven la cruza y se aproxima hacia a mí, decidido.
            Levanto un poco mi capucha y a unos pasos de llegar, le cambia la cara. Es como si hasta entonces dudara de que la información que tuviera fuera cierta.
            Me mira con los ojos muy abiertos.
            —¡Lya! ¿Dónde estabas? Y… ¿Qué haces vestida así?
            Su rostro me es muy familiar pero no le reconozco. Ningún nombre se asocia a sus rasgos en mi cabeza.
            —Es una larga historia… —le confieso.
            —¿Y toda esa sangre?
            Trata de rodearme con sus brazos. Su mano llega a mi cintura y mi cuerpo se agita en un intento de controlar el gesto de dolor. Él la retira de inmediato.
            —No toda es mía.
            —¿Qué quieres decir? ¿Estás herida?
            —El asunto se ha descontrolado un poco.
            —Vamos adentro. Me lo explicas por el camino.
            «Ojalá pudiera explicarlo», pienso mientras le acompaño hacia la entrada.
            No hay problemas para atravesar la carismática verja pero noto la presión de las miradas y el silencio que se ha hecho alrededor. Enseguida cambiamos la dirección. No nos dirigimos hacia la puerta principal y atravesamos los jardines internándonos en las sombras.
            —Entraremos por el servicio. Con esa ropa ahuyentarás a la clientela.
            Es cierto.
He comprobado como algunos que esperaban su turno para acceder han comenzado a marcharse disimuladamente. Nadie quiere estar cerca de un agente de Ylos identificado y mucho menos en un lugar como la Sirena.
            —Lo siento, no he tenido muchas opciones.
            —Pero ¿qué ha pasado? Lo último que sé de ti es que te fuiste con el Príncipe de la Hoja Escarlata.
            —Es complejo de explicar.
            El joven parece tener paciencia y no me insiste. Me mira con preocupación mientras me conduce entre setos y fuentes a otro extremo del enorme prostíbulo.
            —Diva Yhara empezó a preocuparse cuando no supo nada de ti esta mañana. Xan estaba hecha una furia. Te ha sustituido en tu actuación, creo que ahora está con un cliente pero no sé si podrás verla pronto.
            No relaciono sus nombres.
Diva es un apelativo élfico, así que debe tratarse de una elfa, probablemente alguien importante. No contesto a su comentario, me limito a quejarme levemente por el paso apresurado y él lo entiende, reduciendo el ritmo.
            Entramos por las cocinas.
Un enjambre de cocineros y sirvientes se cruzan a nuestro paso. Algunos nos miran con estupor pero continúan con sus quehaceres. Hay todo un mundo de actividad tras aquellas paredes. Es como estar entre las bambalinas de una gran obra de teatro. Pasamos varias habitaciones y pasillos hasta llegar a un recibidor con escalera mucho menos concurrido. Las subimos despacio. Nos cruzamos con algunas chicas que nos miran con gesto extraño y pasan rápido junto a nosotros.
              Alcanzamos una de las habitaciones que mi acompañante abre con una llave.
            —Tu habitación.
            Es amplia y lujosa, mucho más de lo que esperaba. Una gran cama con dosel de gasa domina la estancia. Hay un gigantesco armario de madera oscura, tocador, espejos… Una bañera de patas doradas se atisba tras un biombo de la misma madera oscura que el armario. Yo avanzo con la expresión en el rostro de quien entra en aquel lugar por primera vez. Él queda en el umbral.
            —¿La echabas de menos?
            Me vuelvo entresacada de mis ensoñaciones. Aquello es una habitación de princesa.
            —Mucho —le digo.
            Él asiente amablemente con una sonrisa.
            —Pediré que te preparen el baño. Cámbiate antes de que Diva te encuentre así o va a desmayarse. A ella sí tendrás que explicarle cómo has vuelto vestida con un uniforme de la orden de Ylos. Tienes tu ropa en el armario.
           
Se marcha con una sonrisa y me entorna la puerta. Yo me tomo un instante para asimilar la situación y curiosear brevemente por el lujoso espacio privado en el que supuestamente vivo. Hay perfumes en el tocador y hermosos vestidos en el armario. Tengo una extensa colección de sandalias, también.
            Cuando observo mi aspecto en el espejo me sobresalto de la impresión.
La primera de las chicas con agua caliente llega a mi puerta y pide permiso para entrar con la cabeza agachada. Se lo concedo sin mucho entusiasmo y la dejo vertiendo el líquido en la panza de nácar de la bañera.
            Comienzo a desvestirme despacio. Mi reflejo empieza a mostrarme las señales de mi paso por la celda. Gruesos moretones cubren mi cuerpo. Al dejar caer la chaquetilla de mi uniforme algo se desprende de uno de sus bolsillos. Es un pequeño pliego de papel doblado.
Tengo curiosidad y lo recojo.
Hay algo escrito.
           
«¿Y tú? Estás segura de dónde vas? Si no estás completamente segura de con quién puedes hablar y con quien no, ven a esta dirección. Puede que tenga respuestas para tus preguntas».

            Lo firma: «J. V. Un amigo».
Hay una dirección abajo, es el distrito del puerto.
           
Recuerdo las palabras de aquel desconocido que se chocó conmigo en la calle, antes de entrar. No era simplemente un desconocido.
            ¡J.V! ¡Son las siglas del único nombre que recuerdo! Jäak Vihyau. Apresuradamente escondo el papel y todo vuelve a darme vueltas. No sé qué ha pasado ni de quién debo fiarme. Mi situación actual responde a algún asunto poco claro y no sé a quien puedo confesarle mi situación.

            —¡Santo Enoq! Alguien se ha divertido más de la cuenta.
            Me vuelvo.
El joven que me ha acompañado hasta la habitación ha vuelto. Su rostro está desencajado ante la visión de mi espalda amoratada.
            —¿Qué ha pasado?
            —Necesito ese baño.
          
Lya "Mirror" by CHARRO

Termino de desnudarme ante su mirada partida. Por una vez un hombre me mira desnuda con el gesto arrugado, más impactado por mis señales que por mis curvas.
            —¿Puedo ayudarte?
            En este tiempo un joven mozo ha vuelto a traer agua caliente de las cocinas. La bañera humea cálida y se torna ciertamente apetecible. Llego por inercia a la bañera y compruebo que mi acompañante no sabe muy bien qué hacer o cómo comportarse y vuelve al umbral. Yo me dejo sumergir en el agua ardiente que es un verdadero bálsamo para mi cuerpo helado y dolorido. Dejo que el agua me inunde la cabeza y se escurra por mi pelo. Tengo un instante suspendido en el tiempo.
            Escucho alboroto por el pasillo. El joven se vuelve hacia mí.
            —Es Diva. Viene alterada.

            Apenas unos segundos después aparece una mujer elfa. No es muy alta pero increíblemente bella y viste unos ropajes sofisticados. Se adorna con joyas que relucen a la luz de los candiles. Le acompañan una cohorte de curiosos. Chicos y chicas, probablemente compañeros de trabajo. Su rostro cambia radicalmente de expresión cuando me contempla derrotada en la bañera.
            —Lya, ¡por toda la corte de los Patriarcas! ¿Qué ha pasado? ¿Qué son esas marcas?
            —Ya estoy en casa —Es lo único que sale de mis labios y mis ojos se cierran.
            —Rápido, avisad al «Cirujano». Fuera de aquí, chicas. Tenéis trabajo —ordena con severidad— Täarom cierra esa puerta.
            Se acerca hacia mí con grandilocuente gesto maternal y me acaricia el rostro mientras me mira a los ojos. Pone su mano en mi frente y me acaricia tiernamente el pelo.
            —¿Qué te han hecho? Si ese canalla cree que mis chicas son juguetes a su antojo, va a pagarlo.
            —Estoy un poco cansada, Diva.
            Ella se levanta.
La noto un poco tensa por mi sutil cambio de conversación aunque noto en sus ojos que su preocupación es sincera.
            —Está bien. Descansa un poco —me concede—. Que te examine el Cirujano. Después del baño ven a mi despacho. Quiero saber qué ha pasado y si es lo que imagino, alguien más va a sangrar.
            Se vuelve hacia Täarom.
            —No la dejes sola. Atiéndela en todo lo que necesite.
Él agacha la cabeza en gesto de sumisión.
            —Como ordenes, Diva. Así será.
            Se aleja de mi y lo aparta un poco de la escena.
            —Avísame en cuanto esté lista. Dale ropa limpia y si hay algún contratiempo quiero ser la primera en enterarme. ¿Entiendes? La primera. No importa con quien esté o qué esté haciendo… y otra cosa. Que nadie le diga nada a Xandrila. Tiene un cliente importante y no quiero más sorpresas esta noche.
            —Claro, Diva. Ordenaré que así sea.
           
Ella sonríe satisfecha y se vuelve hacia mí.
            —Tómate tu tiempo, cariño. Hablamos cuando estés más repuesta.
            —Gracias, Diva —contesto con un hilo de voz.
            —Debo dejaros, hay una piara de cerdos depravados asquerosamente ricos a los que satisfacer.
            Me dirige una última mirada pero no dice nada. Aquella mujer de belleza imposible solo alcanza a morderse el labio inferior, quizá como delato de algún pensamiento interno. Sin más, se marcha.
            Täarom y yo cruzamos una mirada. La suya parece temerosa, preocupada, quizá.
            —Me sentaré por aquí —dice con cierto reparo—. Si necesitas algo, por favor, dímelo.

            Por un instante vuelvo a tener la fantasía de hallarme sola.
Cierro los ojos y mis pensamientos cabalgan sin control.
            He despertado en una celda a la que no sé cómo he llegado. Han maltratado mi cuerpo y habían planeado interrogarme a través de agentes de Ylos. He matado a seis personas, incluida la agente. Tengo un lapsus mental que me impide recordar incluso lo más básico. Y luego… está Jäak Vihyau. Un nombre que no me dice nada pero que me advierte de la inseguridad de este lugar y de las personas que ahora mismo me rodean.
            Alguien me ha tendido una trampa. Alguien no esperaba que regresase de aquella mazmorra. Puedo estar en grave peligro o puede que este sea mi refugio y a alguien le interese alejarme de aquí.
Tengo que pensar en mi jugada…
            Y tengo que pensarla rápido.





Opciones:

1.- (Sincérate con Diva, Lya. Eres una de sus chicas más rentables, no puede estar en el ajo). 
Hablar con Diva y contarle lo que ha pasado.

2.- (Nada ocurre en este lugar sin que Diva lo sepa. No te delates aún. Habla con Täarom, parece realmente preocupado por ti y te ayudará a recordar) 
Confiésate en secreto a Täarom.

3.- (No te fies de nadie. Sal de ahí y ve a la dirección del papel) 
Busca a Jäak Vihyau.

martes, 3 de abril de 2012

Flor de Jade: Elige su Destino. Acto II Sangre


Acto II 

Sangre




No sé por qué, solo una idea se aloja en mi mente. Es la más descabellada. Es la más desesperada. Es una idea imposible… quizá por eso sea la única idea que funcione. Lo único que me perturba es por qué tengo la sensación de que va a funcionar. En las grietas de mi memoria parecen esconderse secretos. Son esos secretos los mismos que siembran todas mis dudas y todas mis certezas.

Recojo mis piernas amoratadas en un gesto de defensa. Mi rostro se arruga en una mueca de miedo visceral. Se rompe de terror y las lágrimas no tardan en surcar mis mejillas. Me pego todo lo que puedo a la pared para esconder mis manos fuera de sus grilletes.

—Por favor —suplico —, por favor. No más. No me hagáis más daño. Por favor…

Evito mirarla a la cara. Mi rostro se tuerce, se quiebra. Tiemblo, me acurruco, demuestro toda mi indefensión y debilidad. El hombre delgado ha terminado de afilar sus cuchillas y hace un gesto de aprobación que yo no veo, pero que intuyo. Los guardias se sienten confiados. Ella avanza lo suficiente para quedar a mi altura.

El cebo ha funcionado.
Es ahora cuando extrañamente mi respiración se calma. Dentro de mí hay una inexplicable serenidad. Mis pensamientos se vacían. Sin saber cómo, entro en un proceso mental tan focalizado que todo lo demás pierde sentido. Hay tal claridad que me asusta porque no parece pertenecerme. Algo surge de ella. Me hace ver una evidencia que me produce escalofríos: las fuerzas están desequilibradas, pero nadie imagina aún qué parte es la que tiene la ventaja. Yo sí lo sé.

Noto su proximidad y mi mente me alerta de que ha entrado en zona de peligro pero me invita a esperar solo unos segundos más. Percibo cómo los soldados también avanzan. Mi visión perimetral ya ha situado también al tipo de las cuchillas. Hay un orden perfecto y preciso en mis cálculos. Todo encaja como piezas de relojería. Soy la primera en sorprenderse ante ello.

Una mano suave acaricia mi mejilla. Hay una falsa dulzura en ese gesto…
—Pobre niña —casi susurra —esto va a dolerme a mi más que a ti.

Es entonces cuando la miro.
Mis ojos se cruzan con los suyos y en una décima de segundo compruebo que sus pupilas han descubierto el cambio en mi mirada. Veo cómo se dilatan con la sorpresa. Cómo, de haber tenido margen de tiempo suficiente, toda su expresión de seguridad y confianza se hubiese venido abajo.

—Ni lo dudes, zorra. 

Mis movimientos compiten en rapidez con la picadura de un áspid. Mis manos revelan su secreto tan veloces que nadie puede reaccionar más rápido. Apartan de un manotazo su mano de mi cara y apresan su cabeza.
Ni lo pienso.
No sé de dónde saco la sangre fría pero giro aquel cuello en un movimiento preciso y se hace añicos entre mis manos como si fuese de cristal. Aquella cabeza con el gesto congelado de sorpresa acaba mirando a su espalda. Ni aún entonces esos hombres armados son capaces de reaccionar a tiempo.

Recogí mis piernas para poder tener impulso de salto. He contenido hasta ahora todas las fuerzas que aún poseía y las libero de un solo golpe. Me propulso, aún con aquel cuerpo retorcido en mis manos y lo empujo con fuerza. En su trayectoria impacta con dos de aquellos hombres y les rompe toda reacción que no sea quitárselo de encima. Eso me proporciona un tiempo de ventaja imprescindible. Para entonces, mis ojos ya están presos en mi siguiente objetivo.
            El tipo del delantal está aún más desorientado. Ni siquiera miraba la escena, más pendiente del estado de sus filos que de una chica desnuda y amoratada encadenada a un camastro. Imagino que habitualmente sus víctimas no suelen ofrecer mucha más resistencia que pataleos inútiles y súplicas que nunca escucha.
No está preparado para esto.
No sabe reaccionar ante alguien que no tenga sus manos y sus pies firmemente atados. Por eso apenas hay lucha cuando mis manos atrapan sus muñecas y llevo su propio filo hasta su garganta donde se clava limpiamente hasta la empuñadura. Me muevo rápida sin soltarle. Giro hacia su espalda conforme aquella cuchilla destinada a mis carnes abre las suyas. La presión de sus dedos disminuye y pronto son los míos los que sostienen el puñal. Mi giro de posición acaba en un brusco movimiento que saca el filo de su garganta. Su yugular de abre como una vieja cañería de desagüe saturada por la riada. Una cascada de sangre se vomita desde el cuello alcanzando las paredes. Siento como su cuerpo laxo inicia su caída pero para entonces yo ya no estoy ahí.

Ruedo por el suelo para salir de la zona de proximidad. La fría y húmeda piedra me da la bienvenida mordiendo mi cuerpo dolorido. El contacto con cada protuberancia del empedrado es como una puñalada desesperada a la que no tengo tiempo de atender. Cuando vuelvo a la verticalidad estoy casi encima de su mesita desplegable y de su instrumental de interrogatorios.
Es ahora cuando percibo el primer movimiento en el resto de los presentes. Es ahora cuando parecen darse cuenta de la verdadera amenaza que represento para ellos. Un parpadeo y aquella indefensa chica de las cadenas tiene dos cadáveres en el suelo y está armada.
            La reacción de los hombres de la puerta es avanzar mientras llevan manos a sus armas. Eso me da unos dos o tres segundos de iniciativa: es un tiempo letal si sabes emplearlo. Los hombres a mi espalda aún necesitarán cinco o seis para apartar el cuerpo de la informadora, girar y tener listas sus armas.
            No sé cómo mi cerebro es capaz de precisar al milímetro esos pensamientos. No tengo ni idea de cómo consigo tener movimientos tan precisos y organizar de un modo tan calculado mis posibilidades, pero igual que un experto jugador de keppa va tres o cuatro movimientos por delante, mi mente me advierte que sólo voy a tener que enfrentarme a uno de ellos si consigo ser certera en mi siguiente jugada.

            Hay un ángulo imposible en juego.
Un escaso, casi imperceptible hueco que puede darme una ventaja aún mayor. En un instante de lucidez soy consciente de que el tiro es de una dificultad extrema y precisa habilidad de maestro. Es ahora o nunca porque ese hueco, esa fisura, ese ángulo va a desaparecer de inmediato.
            Actúo.
Mi muñeca lanza el arma que hasta ahora me proporcionaba la única defensa. Se escurre de mis dedos en giros letales. No tengo tiempo de comprobar si he lanzado con la precisión necesaria para mi golpe de efecto, pero un pequeño brillo en mi pensamiento me indica que el tiro ha sido perfecto. Mis manos ya se encaminan al cuero desplegado y pretenden sacar de sus fundas un par de punzones agudos.
El cuchillo viaja en espiral hacia sus víctimas. Su posición es perfecta. Su proximidad es una ventaja incontestable. El giro de la hoja desgarra el cuello del primero en un beso letal. Secciona carne lo suficiente como para ser una herida mortal. Las manos de aquel soldado están obligadas a soltar el arma y agarrar la brecha de la que se escapa su vida. Vivirá. Al menos unos minutos más que el resto, pero ha dejado de ser una amenaza. Peor suerte tiene el hombre tras él. El final del viaje de ese cuchillo es hundirse justo bajo su tráquea.

Mis manos se arman ahora con los afilados punzones. Enfilo al primer adversario capaz de ofrecer batalla mientras dos cuerpos se desploman tras de mí, al lado de la puerta. Alza su maza pesada pero en el tiempo que necesita para levantar su peso mi cuerpo ha entrado en su radio de acción. Soy como un escorpión que lanza su aguijón a una velocidad imposible para el ojo humano. Sus placas de cuero duro no son rival para un punzón afilado que se cuela entre ellas buscando un corazón que traspasar. Ya está herido de muerte cuando mi otro brazo lanza su picadura que le entra en ángulo por el hueco del oído hasta el cráneo.
Extraigo. Un cuerpo se derrumba ante mí. Me deja ver lo que hay a su espalda
…y ahí está el adversario, el único que dispone del tiempo y oportunidad para asestar un golpe antes que el mío.
Tampoco lo hace. La pelea vuelve a estar desequilibrada. No ha contado con un factor, con un aliado a mi causa: El miedo.
Apenas han pasado diez o doce segundos desde que viese a una chica maniatada en un camastro sorprender a todos revelándose libre. Quizá le ha dado tiempo de parpadear tres o cuatro veces. Solo ha tenido la oportunidad de encadenar uno o dos pensamientos primarios, casi instintivos. Ahora hay cinco cuerpos sobre el suelo y la responsable de sus muertes se halla frente a él, mirándole a los ojos. Y esa mirada es fría. Es la mirada impávida de la misma muerte. Por eso el terror le consume, le engarrota la mano, no le deja pensar y pierde su oportunidad.
Pero el áspid, el escorpión no juegan a regalar oportunidades. Me lanzo sobre él y mis punzones se ensañan con su cara. Es el único instante en el que pierdo la conciencia del tiempo y me invade una furia que no me permite mantener la frialdad hasta ahora. Sé que puedo permitírmelo. Sé que está pagando por todos la humillación y abusos que se han cometido conmigo.
Cuando mi rabia se consume tengo la sensación de regresar a mi cuerpo. Vuelve el temblor y la agitación a mi pecho.


Soy plenamente consciente de lo que ha sucedido en ese lugar y tal certeza me resulta imposible de asimilar en un golpe. Miro mis manos ensangrentadas y temblorosas que dejan caer los punzones. Doy dos pasos hacia atrás aterrada ante la visión de la cara desfigurada de mi último adversario. Tropiezo con un cuerpo a mi espalda que he olvidado que está allí. Pierdo el equilibrio y toda la escena se dibuja ante mis ojos. Es una escena terrible.
Seis cuerpos siembran la piedra, la inundan de sangre. Uno de ellos aún gorgotea y se mueve mientras el color de su cara palidece conforme vierte el fluido vital desde su garganta. Me mira con un horror inhumano en el rostro.
No puedo soportarlo y me derrumbo.
Caigo al suelo y quedo sentada con los ojos abiertos y temblando.
Esto es obra mía. Yo los he matado. Yo los he matado.
No puedo explicarme cómo he podido hacerlo. No tengo la menor idea de cómo he podido hacer lo que he hecho. Por un instante no sé quien soy. Me aferro el rostro. Desespero y apreso mis cabellos manchados de sangre.

Acto II Lya: "¿Quién soy?" by CHARRO


Un millar de imágenes y un catálogo de pensamientos colapsan mi mente. Es como si abriesen el grifo de mis recuerdos, aunque ninguno explica lo que ha pasado.
Chicas, baile. Una cama, sexo, sudor. Hombres. Muchos hombres pasan por esa cama. Rostros familiares que recuerdo. Sus nombres.
La Sirena Varada.
Soy Lya, prostituta en la ciudad de Las Bocas del Dar. La seducción y el sexo son mis herramientas de trabajo. La Sirena Varada es un prostíbulo de lujo. Nuestros clientes son poderosos. Tengo una gran reputación en lo que hago. A veces lo que hago es un poco más complejo e ilegal que cobrar por ofrecer placer, pero…
Nada explica cómo he llegado aquí ni cómo he sido capaz de matar a seis personas de esta manera, en apenas uno o dos minutos.
Estoy confundida. Me sobreviene una oleada de nauseas y vomito sobre el suelo en un acto reflejo.
Hay un solo segundo de paz tras ello. Un segundo que me invita a salir de allí y buscar las respuestas más tarde. Se llama instinto de supervivencia.
Tan rápido como mis manos temblorosas son capaces, desnudo a la agente de Ylos tratando de que no me impresione su cabeza vuelta hacia la espalda.

Sé que habrá más guardias en el exterior así que mi coartada debe ser lo bastante creíble como para impresionarles.
La Orden de Ylos tiene tal reputación que una soldadesca ramplona no se va a arriesgar a enfadar a una agente. Hay demasiado miedo y respeto. Sin embargo, llegados a este punto prefiero tener un as en la manga. Cuando acabo de vestirme vuelvo a agarrar el cuchillo. No tengo ninguna duda de quién me va a proporcionar el último regalo.


Salgo de la celda y cubro mi cabeza con la capucha de la capa del uniforme. Cuanto menos se me vea el rostro tanto mejor. El cuerpo me duele horrores y tengo que morderme la lengua para evitar quejarme. Eso me recuerda lo que llevo en la mano. Paso algunas galerías pero no tardo en encontrar la sala de guardia.
Un soldado más se sienta en una banqueta al pie de unas escaleras que ascienden y terminan en una puerta de madera. Frente a él hay otro en una mesa próxima. Respiro hondo. Mi actitud debe ser sólida. Lleno mis pulmones de aire y avanzo para delatarme.
Los hombres me miran al entrar en la estancia pero yo me dirijo con frialdad hacia la puerta. El de la banqueta se levanta. El de la mesa pregunta.

—¿Tan rápido?
—Mi trabajo aquí ha terminado. Abridme.
Por el momento no parecen sospechar nada. El de la banqueta trastea un manojo de llaves. El de la mesa sonríe con sarcasmo.
—¿Qué tal la gatita? No ha tardado en soltar la lengua, por lo que veo.
Giro levemente mi mirada. Juego con la tensión del silencio unos segundos. Voy hacia él de dos pasos tan firmes que percibo su miedo. Golpeo sobre la mesa tan fuerte como puedo. Le miro a los ojos. Sé que puede ver la sangre en mi cara oscurecida por el pulsar de sombras de las antorcha.
—No, no ha tardado en soltarla —le digo.
Levanto la mano de la mesa y sus ojos casi se salen al descubrir lo que he dejado sobre la madera. Se le hace un nudo en la garganta al descubrir una lengua amputada como regalo.
—¿Alguna pregunta más?  —Se levanta de un brinco instintivo y hunde la mirada.
—No, señora.
—Abre la maldita puerta. Este lugar huele a cerdo.
—Por supuesto, señora.

Algo dentro de mí disfruta sabiendo que ese tipo va a necesitar cambiarse de calzones. Ordena al acompañante que me abra y que me acompañe al exterior. Vuelvo a morderme para no delatar que cada paso me desata terribles dolores.
El fortín de las mazmorras es un edificio separado del resto, pero anexo a una gran mansión. Es de noche en el exterior pero la brisa fresca me resulta un bálsamo. Mi silencioso escolta me lleva hasta una verja que delimita el final del recinto y me deja en una calle grande. Se despide con escrupulosidad marcial pero yo no le devuelvo palabra.
Comienzo a alejarme manteniendo toda la dignidad de lo que represento. Tengo que hacer esfuerzos para no correr a pesar de mi dolor. Después de algunas calles de distancia encuentro un callejón lo suficientemente estrecho y sinuoso como para sentirme segura.
Allí el mundo se cae a mis pies. Allí derramo toda la tensión y todo mi miedo. Allí vuelvo a ser la mujer desesperada que despertó desnuda y encadenada a una cama.

Me siento un poco mejor después de eso. Con la claridad suficiente, al menos, de tratar de poner un poco de orden. No tengo muchas alternativas:
Podría regresar a la Sirena Varada. Se supone que es mi hogar. No consigo orientarme pero no creo tardar en encontrar el camino. Otra opción es pedir refugio en alguno de los templos o capillas. Allí podrían tratarme las heridas. Probablemente no hagan preguntas. El problema es que no ubico ninguno en las cercanías y podría andar a ciegas durante un buen rato. No es muy aconsejable caminar a ciegas y en mi estado por una ciudad como las Bocas.
Necesito pensar con frialdad…

Acto II Lya: "Sangre" by CHARRO














Opciones:


1.- (Vuelve a casa Lya. Allí seguro que pueden explicarte muchas cosas) 
Sirena Varada.

2.- (Desaparece por un tiempo, Lya, hasta que todo se aclare mejor que nadie sepa de ti). 
Asilo en un templo.

3.- (¿Por qué quedarse en el callejón no va a ser buena idea? Descansa un rato y decide más tarde. Llevas un uniforme de la Orden de Ylos. Nadie va a meterse contigo.) 
Quedarse y descansar un rato.

domingo, 1 de abril de 2012

Con ustedes... Lya. Proceso de diseño de una protagonista a elección.

Cartel promo by Charro

Queríamos Jugar. 
Necesitábamos una protagonista 
pero queríamos vuestra protagonista.





Os dimos unas claves de inicio:
Iba a ser una chica.

Os dimos un nombre
Lya.

y os dimos un rostro.


Primer Boceto: Rostro Lya. by Charro

Lya podría haber vestido armadura Jerivha y ser una soldado disciplinada y leal...
No fue vuestra elección.

Lya podría haber sido una dura cazarrecompensas, curtida en los caminos, fiera luchadora.
No fue vuestra elección.

Lya podría haber vestido túnica de Yelm y ser una devota sacerdotisa entregada al servicio a los dioses.


No fue vuestra elección.

Lya podría haber sido una mística monje clerianna conectada al Vacío, equilibrada en mente y cuerpo.

No la quisisteis ver así.


Bocetos de posición. Buscando proporciones. by Charro


No.

La quisisteis...
Sensual, deslenguada, seductora, exótica en un prostíbulo de la ciudad del pecado y con un pasado letal.

Empezamos a buscarle la ropa adecuada. Debíamos sacarle partido a su cuerpo. Debíamos encontrar a una mujer capaz de hacer derretir a un hombre. 

Debía ser orgullosa, prepotente, hipnótica.

Su vestido debía encontrar el equilibrio entre la elegancia cortesana y la más descarnada sensualidad.

Pruebas de vestuario: Lya. by Charro.


No fue tarea fácil...
Pero se encontró.



Diseño final de Lya by Charro


¡Dejen paso!

Lya acaba de llegar.
Viene para quedarse.

Esta es vuestra fantasía
Esta es vuestra protagonista.



Ahora...
¡Sigamos jugando!


Vilches&Charro

miércoles, 28 de marzo de 2012

Flor de Jade, Elige tu destino: Acto I OSCURIDAD


fragmento -Oscuridad- Lya in Chains by Charro




Acto I

Oscuridad



Dolor
Dolor en las sienes. Es pulsante y martillea. Se extiende sobre los ojos. Creo que son sus punzadas las que me hacen despertar…
Parpadeo.
La cabeza me da vueltas y la imagen tarda en enfocarse. Ni siquiera tengo consciencia de mi posición. Estoy tumbada. Me duele todo el cuerpo. Estoy sobre un colchón o eso parece. Hay manchas de sangre por todos lados. No sé si es mía.
Mi visión no es nítida y me cuesta abrir los ojos por completo.
Es una estancia oscura y fría. Hay humedad y apenas un leve haz de luz rompe la monotonía. Las paredes están desnudas, igual que yo.
Trato de levantar la cabeza pero el vértigo es insoportable y vuelvo a caer. Me siento derrotada por un instante. Percibo el silencio horrible que lo envuelve todo. Es ahora cuando noto que tengo las muñecas apresadas a la espalda. Estoy encadenada al camastro.
¿Cómo demonios he llegado hasta aquí?

No puedo recordar nada. No reconozco este lugar. No sé qué ha pasado.
Mi nombre es Lya, me digo. Es como un pensamiento primario, como una voz que me advierte un punto en la conciencia al que agarrarse cuando todo lo demás se ha desvanecido.
Lya… pero es un eco en el vacío. Tras ese nombre no hay nada más.

Me concedo un instante de tregua para valorar una situación que no se presenta nada halagüeña. Estoy encadenada y desnuda, probablemente en una celda. El cuerpo me duele a morir, por lo que quien me haya traído hasta aquí, por la razón que sea, ya ha empezado a divertirse conmigo.
Una parte de mi se enfurece, la otra está aterrada.

Hace frío, un frío húmedo y cruel. El frío de la soledad y el miedo.
Giro. Me posiciono. Hay combate, rebeldía. Es un arrebato que gasta energías innecesariamente y me produce aún más dolor. Trato de ver hasta dónde dan de sí las cadenas que me aprisionan. Con mucho esfuerzo consigo sentarme. Quien me haya traído hasta aquí se ha asegurado que no pueda ir más allá de este sucio camastro. Tengo los muslos cuajados de moretones. O me resistí o alguien se lo ha pasado en grande.
Dentro de mí el orgullo se revela. Sentirse prisionera y títere puede más que el dolor en las costillas, las nauseas y el sabor de la sangre en mi boca.
Mi vista se aclara un poco aunque la punzada en las sienes continúa machacándome.

No consigo tener pensamientos cercanos. No consigo traer de vuelta nada que explique cómo he podido llegar a esta situación. Veo imágenes en mi mente. Son difusas: Un lugar que reconozco. Hay música, color. Está lleno de gente, de hombres en su mayoría. Ese lugar me pertenece o yo le pertenezco.
Me recuerdo bailando. Los hombres me miran. Sus miradas de deseo se me pegan a la piel. Me gusta hacerlo. Me gusta provocarles esas miradas. Tengo poder sobre ellos. Sobre el escenario… ¡es un escenario! Yo tengo el mando.
Recuerdo una conversación. Me señalan a un hombre. Es alguien poderoso, temido.
Debo ir con él, pero ese pensamiento no me asusta. Voy confiada pero no me recuerdo ingenua. Tengo recursos. Tengo mis recursos.
Hay una certeza que cruza mi mente en ese instante de serenidad. No es un pensamiento concreto, es como una seguridad que me sobreviene sin explicación: la tranquilidad de saber que en realidad estas cadenas no me retienen. En realidad estoy libre.

Ni siquiera lo pienso. No es un acto meditado es casi un impulso reflejo. De un movimiento preciso mi pulgar se disloca de su sitio y mi mano derecha sale limpiamente de sus grilletes. La izquierda le sigue con la misma facilidad.
Necesito tragar saliva.
Tengo que mirarme las manos libres para creerlo. La imagen de mis dedos fuera de su sitio no me impresiona, como si estuviese acostumbrada a verlos así, pero no lo estoy. Ni siquiera era consciente de que podía hacer eso. Todo es extraño. Tampoco tengo que pensar el movimiento preciso para devolver los pulgares a su posición original.
Las marcas de los grilletes en mis muñecas me escuecen. Las froto. Vuelven a llegarme las dudas.
¿Qué hago aquí? ¿Cómo he acabado aquí? ¿Qué lugar es exactamente «aquí»?
Es una celda, ya no tengo la menor duda. Un pequeño haz de luna se cuela por una abertura circular en el techo de piedra cruda. La puerta de metal oxidado no deja lugar a dudas.
Me levanto, camino descalza por el suelo húmedo. Es frío pero me libera momentáneamente del ardor de mi cuerpo. No sé si es fiebre y el temblor que me recorre es producto de ella. En algún momento mis tobillos debieron también estar prisioneros también. Las mismas marcas de los grilletes en mis muñecas abrasan mis tobillos.
Mi caminar es lento al principio, inseguro. Avanzo tres pasos que parecen años. Palpo mis costillas a la espera de encontrarme la fractura, pero tengo suerte. Me abrazo en un gesto de defensa. Noto que se escurre una lágrima por mi mejilla. Quiero pensar que es a causa de este dolor que me devora.

¿Y ahora?
Tengo que salir de aquí… Si me encuentran libre de las cadenas puedo darme por muerta. Algo me dice que huir de esta ratonera no va a ser tan fácil como seguramente llegué a entrar.
Piensa… piensa en algo Lya…
Mis pensamientos han huido. Hay un enorme vacío en mí. Todo es oscuridad.
Un nombre viene a mi cabeza. De súbito. Aparta todos los pensamientos y se cuela dentro, como un corsario.
Jäak Vihyau

¡¿Quién es Jäak Vihyau?! ¿Por qué recuerdo su nombre?


¡Pasos!
El sonido sordo de botas que se acercan me saca de una bofetada de mis preocupaciones. Tiemblo, mi pecho se agita sin control. Los pasos avanzan rápidos. Son más de una persona.
Entre tres y cinco, en concreto. Deben ser hombres de buena estatura y peso… van armados y acorazados. Armaduras recias pero no son de metal. Uno de ellos es liviano… ¿una mujer? Viene desarmado, desprotegido. No sé por qué puedo tener certeza de estos detalles solo por el eco de sus pasos. Es como si mi mente activase recursos que desconozco, que no conecto pero que están ahí, cubiertos de polvo, pero existentes y me ofrecen información.
Mi corazón bombea como un caballo a galope. Desesperada por la proximidad de las pisadas vuelvo a aquel camastro. Me siento. Pongo mis manos a la espalda y agarro los grilletes. Agacho la cabeza. No puedo dejar de temblar. No puedo dejar de temblar… pero a la vez hay una extraña seguridad en mi cabeza…
No estoy desarmada, no estoy desarmada.
El arma… el arma…
¡El arma soy yo!

Ya están aquí.
No quiero levantar la cabeza aún. Oigo las llaves hurgar en la cerradura. Una voz de hombre hace una broma a mi costa. Me llama «gatita». Le parece divertido encontrarme despierta… Algo se me arruga en el estómago.
Los pasos resuenan en la celda. Han entrado. Algunos, al menos. Mi mente solo piensa que la puerta está abierta. Como si simplemente pudiese salir caminando por ella…
Levanto los ojos levemente y les miro entre mis cabellos enredados. Solo alcanzo a ver hasta la cintura de las figuras. Dos soldados han entrado. Llevan cotas recias de cuero remachado, se arman con mazas de hierro. Dos han quedado fuera de la celda.
Tenía razón, hay una mujer con ellos. Lleva un emblema que reconozco: La Orden de Ylos. Es una informadora.
Hay otra figura. Un hombre delgado. Lleva puesto un delantal de cuero crudo, como el que usan los carniceros. Abre una pequeña banqueta y saca un estuche de piel enrollada en el que hay punzones y hojas de distintos tamaños y formas. Tiene una piedra de afilar. No habla. Está concentrado en el proceso. El rasgar de la primera cuchilla en la piedra me produce un escalofrío.
Esto va a ser un interrogatorio… y no va a gustarme.

La mujer avanza un paso. Mis ojos pasan raudos del estuche de punzones a la puerta abierta. Algo me dice que mi oportunidad está ahí por inconcebible que parezca. Mi mente está calculando posibilidades sin mi permiso. Ha comenzado una secuencia de movimientos… la sangre me hierve a borbotones en las venas.
¡Pero son seis! ¡Seis! Soldados entrenados y armados ¿Estoy loca? Estoy desnuda y mi cuerpo está machacado. No es posible salir así de aquí. No lo es. Soy bailarina, por Yelm ¿En qué locura pienso? Pero entonces por qué… por qué algo me dice que si, que puedo y que ellos no lo esperan.

La mujer me dirige la palabra.
—Hay dos formas de hacer esto, Lya. A mi manera y me cuentas lo que quiero saber…o a la suya —y señala al tipo de la piedra de afilar.
El corazón me va a estallar en el pecho.

Cuando levanto la mirada tengo muy claro qué hacer…


Lya in chains. Oscuridad. By Charro. 




Opciones:

1—. Hay una tercera vía, zorra: A mi manera. 
(¡Ataca ahora Lya! Antes de que nadie reacione, no des tiempo).

2—. (Lya, estás loca?? Son seis ¡Estás desnuda y desarmada!) 
Bien, soy una persona razonable. Hagámoslo a tu manera. Hablemos.




Votad, Insensatos!!
Tenéis hasta las 00:00h del Sábado 31 para cambiar su destino.



Nota: Vota en la encuesta de la esquina superior de la columna del blog o en nuestra web de Facebook Vilches & Charro.

Para leer la historia desde el inicio Abre la pestaña (Lya, Elige su destino) en su ventana de la lista superior del blog.

domingo, 25 de marzo de 2012

Sumando los votos de la web Face con los de este blog...
En reñidísima dis-puta (jejeje)
Tan solo por un voto de diferencia!!!

LYA será PROSTITUTA 
en la Ciudad del Pecado: LAS BOCAS DEL DAR

No obstante, dada la escasa diferencia y para complacer a quienes han luchado a muerte porque lía empuñe sus habilidades mortíferas... Pensamos en un recurso de guión interesante.

Javier Charro ya trabaja en el diseño global del personaje.
Lya Scketches by charro


Queremos a una LYA sexi, elegante, seductora, algo deslenguada y... quizá con una sorpresa de guión 
¡¡Incluso para ella misma!!

Este que os escribe ya anda perfilando el primer bloque de esta aventura.
La primera entrega se llamará...
OSCURIDAD

Andad Atentos!!
Lya necesitará de vuestra ayuda!!


La próxima vez que la veáis ya tendrá su atuendo y aspecto final...
La próxima vez que sepáis de ella... Tendréis que ayudarla en la primera elección.


¡¡¡Gracias a todos por la magnífica acogida de esta iniciativa!!!
Gracias por votar y dar vida a esta singular heroína


La aventura está a punto de empezar.
Síguela en este Blog

jueves, 22 de marzo de 2012

Presentamos a Lya! ¿Que quién es? Eres tú.


Se llama Lya. 
Como comprobaréis está sin terminar, sin definir. Será una heroína especial porque seréis vosotros. Tendréis control sobre su contexto y profesión, primero; y luego sobre las grandes decisiones que marcarán su aventura. 

Esto es lo malo que tiene pasarse a veces con la cerveza y luego recordar la conversación. Entre recuerdo melancólico y trago, el señor de los pinceles y quien os habla recordaron los viejos y entrañables libros-juego de "elige tu aventura" y hemos querido tener nuestro pequeño guiño y homenaje a ese formato que tanto y tan buenas horas nos hizo pasar en nuestra adolescencia.

Lya será la protagonista de esta aventura interactiva narrada a través de este blog y ambientada en el universo de esta saga. 
Cada miércoles lanzaremos un trozo de la aventura que finalizará con varias opciones que podréis votar tanto en este blog como en nuestra web de Facebook (Vilches&Charro). 

La opción más votada determinará cómo continúa la historia.

Jugar es tan fácil como leer y votar. 
Cada entrada irá ilustrada por la mano de Magic Charro ofreciendo una  historia que cambiará y se transformará a través de vuestras elecciones. Queremos que sea algo ágil y divertido que nos sirva también a nosotros para jugar con vosotros sin que ello nos aparte de nuestros compromisos. Esperamos que os guste la iniciativa, participéis y podamos llevar a esta singular heroína que acaba de nacer a buen puerto.

Sin embargo, la primera elección la tenéis ya delante de vosotros

Ya sabéis su nombre, pero... 
Qué será Lya??

Os ofreceremos varias opciones aquí, pero el panel de votación lo encontraréis en la esquina superior de la barra lateral (nada de votar en comentarios, chicos/as) y en la web de Facebook Vilches&Charro.

Y Lya será una de estas opciones: 


Una aguerrida Cazadora de Recompensas en busca de su presa.

Una casta y devota Hermana de la Luz, Sacerdotisa del Culto de Yelm 

Una deslenguada y sensual Prostituta y danzarina ladrona en la Sirena Varada
el local de moda en Las Bocas del Dar, ciudad del pecado.

Una fría Asesina de Élite asociada al templo de Aros, el Farsante 

Una Mística Clerianna adepta de los monjes Kurawa

Una leal Lanza Jerivha en el apogeo de la Orden



De vuestra elección dependerá su pasado, su carácter, su contexto, sus alianzas y motivaciones.
y por supuesto, su aspecto final e indumentaria a cargo de Mister Charro.

Elegid, Insensatos!!

En la barra lateral!!! o en la web de Facebook Vilches&Charro...

¿¿que aún no la sigues??
pues acabamos de ponerte una excusa cojonuda!!

Tenéis hasta el Lunes 26 a las 00:00h

¿Jugamos? Ahora el camino lo decides tú. Nuevo reto en Flor de Jade


Hemos decidido interactuar un poco más con todos vosotros, con todos aquellos que nos seguía a través de este blog o de nuestras ventanas en Facebook.

A pesar de tener una agenda cargada de trabajo nos animamos a hacer algo divertido e interesante que implique un poco de aventura y vuestra participación.
A Javier y a mi nos gusta jugar... ¿Estaréis dispuestos?

Más información mucho antes de lo que pensáis
Estad atentos

Nace: Lupus in Fábula (LIF) Nueva revista on line gratuita de difusión fantástica ¡¡y somos portada!!


Lupus In Fábula ya es una realidad. 
Acaba de salir a descarga el primer número de esta revista de lectura on line y descarga gratuita en la red en español y de difusión de género fantástico.
No podemos sino felicitar al equipo capitaneado por Josema Beza, Abel Murillo y Mara Martínez junto a todo el equipo de colaboradores en esta aventura que emprenden. Nos consta que ha sido un trabajo arduo e ilusionante, lleno de todos los retos a superar cuando se defiende y organiza un proyecto de estas características. El nacimiento de la criatura siempre es un momento de nervios e ilusión. Ambas cosas queremos compartir con ellos hoy.

Nos sentimos especialmente emocionados al saber que han elegido como cabeza de cartel para esta esperada presentación un trabajo de Javier Charro inspirado en esta saga como su primera portada. Es un gesto que nos llena de vértigo y orgullo y que no tenemos palabras para agradecer. 

No contentos con ello, nos dedican las páginas centrales en una entrevista profunda y divertida que ahonda en nuestros proyectos presentes y futuros. Un detalle difícil de olvidar.

Así, para todos aquellos que querías zambulliros entre los aullidos del lobo, esta es LA DIRECCIÓN donde podéis leer on line o descargar sin costo este primer ejemplar de Lupus in Fábula.

Larga vida al lobo.
Mil aullidos