jueves, 17 de mayo de 2012

24h GRATIS


Celebramos la salida al mercado del Códex Apocalipse
la primera novela de la serie Malefic Time creada por Luis y Rómulo Royo, editada por Norma Editorial y escrita por Vilches en todas la librerías desde el pasado viernes 3 de Mayo en el Salón del Cómic de Barcelona.

Como está fuera de nuestro alcance facilitar la adquisición de esta obra, hemos pensado dar la posibilidad a quienes aún no se habían acercado a nuestro trabajo anterior de compensarlo volviendo a dejar de manera gratuita los volúmenes de la Saga La Flor de Jade y el volumen inicial de la serie Irene gratis en el portal Amazon.

Si ya has comenzado Códex Apocalipse y te está gustando, no dejes escapar la oportunidad de adquirir sin costo la obra que la hizo posible.


24h que comienzan mañana 

Viernes 18 de mayo de 2012



miércoles, 9 de mayo de 2012

Flor de Jade: Elige Tu Destino. Acto VI Océanos de Tiempo


Acto VI

Océanos de Tiempo




No podía dejarle marchar.
No así. No después de aquella tormenta de información que apenas si asimilo.

Jäak Vihyou: un hombre enigmático, que surge de las sombras, que me tienta a buscarle para confesarme que hubo un tiempo que no recuerdo en el que yo fui asesina en una hermandad casi desconocida. Me asegura que él fue uno de mis objetivos pero que no cumplí aquel encargo y que él mismo me borró la memoria. Me advierte de que alguien de mi círculo cercano me ha traicionado, que culpa por de ello he matado a un hombre poderoso en esta ciudad.
Me dice que estoy en peligro y se marcha.

¿Realmente cree que esto se puede saldar así? ¿Que puedo dejarle ir sin más?
No ha sido claro, no lo ha sido. Ha estado jugando conmigo.
Me abre más dudas de las que cierra. Me deja más huecos de los que allana.
           
Y sobre todo él…
Su presencia es intensa. Ni los océanos de tiempo en mi memoria son capaces de ocultar que este hombre no es solo una anécdota que no ubico en mi vida. No es solo alguien que vive porque en algún momento no supe o no pude arrebatarle el aliento.
Viene para decirme que existe, no solo para advertirme. Vuelve pero se marcha. Me guste o no esta situación, él es, por el momento, la única pieza con la que puedo seguir jugando en este extraño rompecabezas en el que se ha convertido mi vida.

Salgo por la puerta por la que él ha desaparecido hace un instante y ya no hay rastro de su paso por el lugar. Parece una casona grande, aunque descuidada y vacía. Ni siquiera sé si estamos en la misma zona de la ciudad. Oigo un ruido en la planta de abajo y pierdo todo interés por seguir ubicándome. Me centro en ese sonido que sigo con todo sigilo como si fuese un panel de direcciones claras.
Sorteo habitaciones frías, pasillos sombríos y un gran salón antes de dar con lo que parecen las bodegas de la casa. El sonido ha venido de allí. Había un sutil eco, una leve reverberación. Estoy segura que provenía de ese lugar. Es entonces cuando mis ojos se ponen a buscar atentamente algún tipo de rastro de Jäak.

Me resulta extraño que no me cueste esfuerzo hallar un débil vestigio de polvo que muere frente a un enorme botellero. Mide más de un metro de alto y en él las botellas se alinean a la perfección cubiertas por una pátina que delata su envejecimiento… todas, menos una.
Sigue resultándome increíble comprobar cómo sé lo que tengo que mirar, dónde poner especialmente la atención. Es como conocer las respuestas antes de imaginar siquiera la pregunta.  
Al intentar extraer esa botella, tal y como esperaba, no sale pero activa un resorte. Un panel de madera en la pared opuesta se descorre revelando un pasaje tras él. Ese es el sonido que me condujo hasta aquí. Jäak ha debido usar el pasaje para salir de la casa.
Respiro profundamente antes de cruzarlo. Mi corazón late ante la perspectiva de volver a lanzarme a las tinieblas con esta sensación de que en realidad vengo de regreso del infierno, aunque no lo recuerde.
No se divisa luz al otro lado. Huele a humedad condensada.
Afianzo el puñal entre mis dedos. Casi tengo que saltar cuando se activa el cierre automático del panel y yo me encuentro aún decidiéndome si avanzar o no.
El clic a mi espalda me indica que no hay vuelta atrás y por un momento toda luz desaparece. Trato de no ponerme nerviosa y palpo la pared para darme seguridad. Mis sentidos vuelven a ponerse en marcha sin mi permiso. Cierro los ojos para concentrarme solo en la información que recibo de mis oídos y mi tacto. Mis pasos son dubitativos al principio pero enseguida me siento cómoda y comienzo a avanzar sin problema. Siento la soledad en el pasaje. Ni siquiera mis pasos interrumpen ese silencio.
Es un tramo largo pero en línea recta. Muere en unas escaleras de metal que suben hasta el techo. La trampilla da a una nueva estancia.
Esta vez reconozco el lugar. Es aquel edificio del puerto por donde entré.
           
"Follow" by CHARRO
Sigue siendo de noche cuando vuelvo al callejón. Un rápido vistazo para  orientarme y salgo a hurtadillas buscando movimiento. En una de las bocacalles anexas me parece ver una figura que avanza en la lejanía. El puerto está silencioso y desierto así que el corazón parece palpitarme de alegría cuando reconozco al hombre al que pretendo seguir en aquellas formas lejanas.
Me apresuro.

Quedo a distancia de prudencia para poder vigilarle sin llamar demasiado la atención. No vuelve la vista en ningún momento. No sé si es porque es un hombre demasiado confiado o si por el contrario imagina que le sigo y me conduce a algún lugar. No sé qué esperaba en realidad que hiciese dejándome en aquella casa de esa forma… ¿qué me instalase allí? Mi cabeza vuelve por un instante a la conversación que mantuvimos. No sé qué demonios quiere de mí.
Le sigo por un buen número de calles, desiertas y húmedas que se alejan un poco de la zona portuaria y se adentran en las primeras manzanas de transición. Allí, asombrosamente, se detiene en frente de una gruesa puerta a la que llama. Es la primera vez que lanza un rápido vistazo a su alrededor. Yo tengo suerte de tener cerca una esquina en la que refugiarme. Cuando vuelvo a mirar, le descubro entrando en aquel  edificio.

Es una construcción sólida de casi tres plantas con ventanas enrejadas. Me doy unos segundos de margen antes de aproximarme a la puerta y echar un vistazo por mi misma. No tendría nada destacable si no fuese por un pequeño símbolo que no pasa desapercibido en la clave del arco que la enmarca. El símbolo no deja lugar a dudas. Algo en mi pecho se detiene: La Orden de Ylos.

Es una casa franca de la Orden de Ylos, la red de informadores. Solo los Familiares de la Orden podrían entrar en ese lugar.
Se me hace un nudo en la garganta y mis rodillas comienzan a temblar.
Solo por dos motivos Jäak Vihyou podría tener acceso a este lugar. O es un espía, o es un chivato. Ninguna de las dos cosas me parece buena para mí. Ninguna de las dos me encaja ante lo que me ha contado.

En mi cabeza se mezclan un millón de alternativas.
Ahora sí que es verdad que no tengo ni idea de qué puedo hacer. Una de las personas a las que maté en aquella celda pertenecía a esta Orden de informadores. Una de esas personas que, estaba claro, no tenía intención de hacerme pasar un buen rato.
O Jäak me miente…
"Ylos" by CHARRO

Con la cabeza colapsada tardo en percibir una presencia a mi espalda. Soy consciente de ella cuando noto la presión de una mano sobre mi hombro.
Mi reacción es tan rápida como directa. Mi cuerpo vuelve a reaccionar por sí mismo, casi mecánicamente. Agarro la muñeca que me toca el hombro, giro, la retuerzo doblando con ella el cuerpo al que pertenece. Mi cuchillo queda besando la carne de su cuello. Ha sido casi un parpadeo, tanto para él como para mí. No sé quién de los dos se sorprende más en esa situación.
—¡¡Lya, por Cleros!!  
Reconozco la voz desesperada, la silueta que tengo totalmente a mi merced.
—¡Täarom! ¿Qué haces aquí? ¿Me has seguido?
—Es obvio que te he seguido.
Sigo un poco conmocionada y ni contesto ni relajo la presa ni la amenaza del cuchillo. Se hacen unos segundos incómodos de silencio.
—¿Vas a soltarme?
—No sé si fiarme de ti.
—¿Que no sabes… si fiarte? —El tono de estupor llena cada palabra pero mantengo bien firme el agarre. Confieso que estoy tan descolocada que ya no sé que hacer—. Y yo ¿debería fiarme?  Has aparecido en la Sirena vestida de agente de Ylos. Te dejo sola un rato y terminas delante de una de sus casa francas ¿Qué cuernos está pasando, Lya? No sé quién de los dos debería dar las explicaciones a quien.

En algo tiene razón Täarom: estamos delante de una de sus casa francas. Si esas lenguas viperinas de Ylos tienen ojos y oídos en todas partes, motar una escenita delante mismo de sus narices es como provocar a un oso.
Aún bien sujeto de la muñeca y con el cuchillo en la garganta le obligo a caminar a mi merced hasta un callejón próximo.
—Las explicaciones las da quien tiene el cuchillo en el cuello ¿No te parece? ¿Alguien te ha mandado que me sigas?
—Nooo ¿estás loca? Si le digo a alguien que te he dejado salir a estas horas colgarán mis pelotas de un gancho solo por diversión. Me las estoy jugando por taparte el culo, encanto. Tú mejor que nadie deberías saberlo Pero claro, idiota de mí pensé que podías tener problemas sola por estas calles. Yo que pensaba que la gata peligrosa era Xandrilla y resulta que eres todo un Escorpión.

Täarom hace el juego de palabras con una de las bandas más peligrosas de la ciudad, Los Maestros de las Dagas, conocidos vulgarmente como Escorpiones, sin embargo, es precisamente esa referencia la que me hace aflojarle la presa. Acabo de ser consciente de que necesito agarrarme a un clavo ardiendo y en este momento solo le tengo a él.
Le suelto. Me aparto y le dejo frotarse instintivamente el cuello.
—No te conozco, Lya. No sé qué diablos está pasando. Aún no he parecido la esperanza de que me lo cuentes. Si te has metido en un lío…
Mientras habla, pienso.
Mientras habla, sopeso.
Necesito arriesgarme o este callejón seguirá sin salida.

—No te recuerdo, Täarom. No sé quien eres. —le confieso. Él se silencia de inmediato y arruga el entrecejo. Cree por un momento que no hablo en serio—. Desperté hace unas horas en una celda, desnuda y atada. Las señales que viste debieron hacérmelas allí. No las recuerdo. No recuerdo nada, nada antes de ese momento. Ni a ti, ni a nadie. Ni siquiera me recuerdo a mi misma. Mi mente está vacía.

—Creo que necesito una copa —asegura después de un instante en silencio en el que no deja de mirarme con intensidad, quizá buscando algo que delate que estoy bromeando. Es obvio que no lo encuentra.
—La acepto.
—Conozco un garito discreto no lejos de aquí. Creo que deberíamos de hablar.

Es cierto. Debemos hablar.  

***

Es un antro escondido que Täarom me asegura que es de confianza. La poca clientela nos mira al entrar pero no nos molesta. Täarom asegura que hay pocos lugares donde una chica como yo pueda pasar desapercibida y este es uno. Con todo, se asegura de exhibir abiertamente el tatuaje en su cuello que le delata miembro de los Corsarios, la banda a la que pertenece y que está al cargo de la seguridad y protección de la Sirena. Es el único modo de evitar tener problemas en esta ciudad.
Pide dos copas de Aguamar Ardiente y nos refugiamos en un apartado rincón de la sala. Me mira con intensidad. Ahora sus rasgos no me parecen tan jóvenes como al principio. Su mirada es profunda. Me invita a iniciar la conversación.
Me cuesta comenzar a hablar. Tras varios segundos de duda se decide él a romper el hielo.


—Dices que no recuerdas nada…
—Así es. Mi memoria es un vacío.
Él suspira… toma un sorbo largo de su copa y trata de relajar su rostro.
—… y no sabes cual es la causa. No tienes ni idea de porqué tus recuerdos se han evaporado.
—El hombre al que viste… asegura que él es la causa, pero…
—¿Puedes hablarme de él? ¿Por qué fuiste a verle?
Cierro los ojos y me muerdo los labios. 
Todo lo que pienso suena a delirio en mi mente.
—Alguien tropezó conmigo en la puerta de la Sirena. Metió una nota en un bolsillo. Una nota que me hacía entender que alguien estaba al tanto de lo que me estaba ocurriendo, como si me hubiese estado observando. Ponía una dirección, por eso te pedí que me cubrieses. Descubrí la nota al desnudarme en la habitación.
—¿Quién era? ¿Tiene un nombre?
Dudo.
—Verás Täarom… no quisiera dar algunos datos hasta estar segura de en quien puedo confiar.
Mi compañero arruga el entrecejo.
—¿En quien puedes confiar?
—Él me dijo que alguien de mi entorno me había traicionado. Que parte de mi situación era a causa de eso. Mi entorno solo puede ser la Sirena y eso incluye…
—Entiendo —dice asumiendo la situación—. Eso me incluye a mi.
—No es algo personal… pero…
—De acuerdo, lo entiendo. Es complicado para mi, pero lo entiendo.
Hay un velo de sinceridad en su mirada y la chispa de una sonrisa en sus labios me da confianza.
—No sé cuánta relación tenemos. Espero que sepas disculpar que…
Su sonrisa entonces se vuelve aún más abierta.
—Tranquila, nunca tuvimos una relación cercana. Tú eres… eres… —percibo su duda. Al fin se confiesa—. Bastante inaccesible, ya sabes. Eres una de las chicas favoritas. Nunca me diste mucha conversación. Sueles ser bastante distante con todos aquellos que no son clientes, no te ofendas. Os pasa a todas.
Aquella confesión me deja un poco aturdida. Me ofrece una imagen de mi que ni siquiera recuerdo. Me siento casi en la obligación de disculparme. Sea como sea, él es quien está ahora aquí, escuchándome. Me lamento haber tenido ese trato indiferente que asegura. Acepta mis disculpas y le resta importancia.
—Podrías hablarme un poco de ese entorno, puede que me ayude a recordar.
—Solo si luego tú me cuentas con detalle lo que ha ocurrido desde que despertases.
Acepto el trato y lo sello con una sonrisa que busca ser sincera y amable.
—Bien, trataré de ayudarte. ¿Por donde quieres que empiece?
—Empieza por ti mismo.

Vuelve a sonreír, esta vez con timidez. Se diría que le he sonrojado un poco con mi petición.
—No hay mucho que contar de mi —asegura. Señala el tatuaje en el lado derecho de su cuello —Soy parte de los Corsarios, la banda que controla el distrito y ofrece seguridad a la Sirena Varada.
—Así que eres un matón.
—Soy algo un poco más sofisticado. Soy un especialista. Si hace falta un trabajo de “limpieza”, me llaman a mí. Si hace falta un experto en cerrajería, me llaman a mí. ¿Alguien que prepare el terreno? Soy tu hombre.  Y si tengo que jugarme el culo por una de las chicas… no hace falta que me llamen, como ves, eso me lo busco solo.
Aquel gesto de franqueza me arranca una sonrisa. Él parece complacido. 
Continúa.
 —En la Sirena se compran y se venden favores, no siempre carnales. Diva usa a sus chicas en secreto. Yo suelo estar detrás, por si hay algo que arreglar.
—Así que también somos espías… —algunas cosas comienzan a corroborarse en mi cabeza. No era solo mi intuición, es un dato que realmente recordaba, por lo que no todo es vacío en mi memoria.
—No solo eso. Sois favores, sois espías, ladronas… a veces incluso asesinas. Todo el mundo lo sabe, pero nunca se ha probado. Porque a todo el mundo le interesa que eso siga siendo así.
Aquello me intriga.
—Explícate…
La Sirena es territorio franco. Todas las bandas pasan por sus habitaciones en algún momento. Todas usan los recursos secretos …y Diva se beneficia de ello. Obtiene inmunidad, respeto, posición… y mucho, mucho dinero.
—Háblame de ella.
—¿Diva? Inteligente, bella, fría… Un aspecto de cristal para alguien ambicioso cuya sangre élfica le permitirá seguir siendo bella y ambiciosa cuando nuestros nietos anden cavando su fosa.
Aquella descripción me hace saltar las alarmas.
—¿Lo bastante fría como para traicionar?
—Traicionar a según quien y según por cuanto. Es lo bastante rica y poderosa como para no dejarse arrastrar por cualquier oferta. Y no te dejes engañar. Diva es lista. Sus chicas son su fuente de poder, así que las cuida. Para ser lo que sois, vivís como princesas… al menos el grupo selecto.
—¿El grupo selecto?
Täarom me mira entrecerrando los ojos un instante.
—Todos los chicos y chicas de la Sirena Varada son selectos. Ninguno está al alcance de cualquier bolsillo, pero… hay un grupo de élite. Tú estás entre ellos.
—¿Ah, si? —Me extraño—. ¿Y qué tiene ese grupo?
—Versatilidad ante las… demandas de los clientes o… las necesidades de Diva.

Quedo pensativa. Empiezo a encontrar motivos para la traición interna si mi oficio aparte de calentar camas lleva implícito otras tareas.
—El hombre que viste asegura que he matado a alguien llamado el Príncipe Escarlata. ¿Qué puedes decirme de él?  
Los ojos de Täarom se abren como ventanales.
—¿Has matado al…? —El gesto de alarma de Täarom le hace subir la voz más de lo apropiado, pero se autocensura antes de que nadie en la sala se percate de ello —¿El Príncipe Escarlata ha muerto?
—Eso es lo que tengo entendido, si… —contesto con cierta ironía—. ¿Quién era?
—Es… era uno de los Señores más poderosos de la ciudad. Uno de los príncipes piratas. Controla el puerto, estamos en su territorio. Quien controla el puerto controla la mitad de las Bocas.
—¿Quién querría matarle?
—La otra mitad de las Bocas, está claro. Pero lo has hecho tú. Alguien debería salir beneficiado de esa maniobra y no tengo muy claro si sería Diva.
—¿Por qué?
—Últimamente se les veía juntos. Se rumoreaba que tenían algo.
—¿Un idilio?
La mueca en su cara adquiere un matiz irónico.
—¿Amor? ¿En Diva? No, si tenía algo con él eran negocios. Aunque todo el mundo sabe que Diva suele mezclar los negocios con el placer bastante amenudo.
Me froto el rostro. Empiezo a acusar las horas de falta de sueño.
—Sea lo que sea parece que Diva podría tener algo que ver.
—Por si lo has olvidado, está impaciente por hablar contigo.
—No sé si debo ser totalmente franca con ella hasta que no sepa algo más.
—Dime cual es el plan y te ayudaré encantado. Estar aquí contigo me convierte de alguna manera en tu cómplice.

Déjame pensar…



Opciones

1—. Regresaremos a casa de Jäak. 
(Quiero registrarla. Aún hay muchas cosas de ese hombre que no me encajan).


2—. Regresaremos a la Sirena
( descansaré un rato, luego hablaré con Diva tal y como ella quería. La dejaré tener la iniciativa)


3—. Registraré los aposentos de Diva
( Regresaremos a la Sirena pero te necesito para que distraigas a Diva antes de hablar con ella. Quiero ver si encuentro alguna pista entre sus objetos personales)

3—. Hagamos algo que nadie espera: Entrégame a la Casa Franca Orden de Ylos
(Forcemos la tormenta. Quiero ver hasta dónde llega su coartada).

martes, 8 de mayo de 2012

Estuvimos en el Salón de Barcelona




Cover de Codex Apocalypse de Luis y Rómulo Royo. 


  
El pasado fin de semana se celebró la última edición del Salón del Cómic de Barcelona, con toda seguridad el salón de referencia internacional más importante de este país junto al de Madrid.
Este salón debía ser el punto de arranque de mi participación en el Proyecto Malefic Time dirigido por Luís Royo y Rómulo Royo. Al fin, la novela que acompaña al primer libro ilustrado, El Codex Apocalypse, vería la luz.

Este fin de semana se cerraba un ciclo que comenzaba en Octubre de 2010 en Madrid, cuando este escritor comenzaba la redacción de los primeros esbozos de esta historia.
Durante ese tiempo otras de las piezas de este rompecabezas habían dado su pistoletazo de salida. El libro ilustrado aparecía en Diciembre de 2011 junto al enorme trabajo del Grupo Avalanch, el disco que recoge en sonidos toda la atmósfera del Apocalipsis. Le llegaba el turno a la novela.
Allí estuve, acompañado de Javier Charro que no quiso perderse este momento y cuya presencia en el salón me dio la fuerza y valentía necesaria para encarar este momento rodeado de amigos. Allí nos encontramos con muchos de nuestros amigos de profesión con los que pasamos momentos siempre intensos y divertidos. Vero Casas, Nekro, Vhea, Alassie, Caro Bensler, Nebel. Compartimos firmas con otros gigantes de la ilustración como Milo Manara o Victoria Francés.
Sesión de firmas. Foto de Juan Bueno Cañada

Sesión de firmas. Foto de Juan Bueno Cañada
Sesión de firmas. Foto de Juan Bueno Cañada

Sesión de firmas. Foto de Juan Bueno Cañada, con Juan Bueno Cañada

Ha sido un fin de semana en el que se ha firmado todo lo firmable  y en el que se han superado todas las expectativas posibles. Agotamos los libros, subimos al escenario con los chicos de Avalanch, se concedieron entrevistas, hicimos sesiones de fotos en las dos exposiciones (Galería de Arte de Miguel Marcos y en el propio Salón). Y sobre todo pude hablar y ver la cara a los primeros lectores que se atrevían con la novela. Sus primeras impresiones apuntan a que hemos conseguido una gran historia.
Foto de Diana Muñoz Carbonell, con Luis Royo, Rómulo Royo y Diana Muñoz Carbonell

En el Escenario con Alberto Rionda (Avalanch) Rómulo Royo, Luis Royo siendo presentados por Oscar Valiente (Norma Ed.) foto de Lna dl Caos.
La experiencia ha sido agotadora e intensa. Me llevo mucho de Barcelona y dejo en ella un trocito de mi corazón.
Cerramos un capítulo solo para abrir casi de inmediato el siguiente ya que 110 Katanas, el próximo volumen, ya se cuece a fuego lento.

Un momento intenso intenso en la actuación de Avalach previa al concierto. Foto de Lna dl Caos.
Agradecer el enorme apoyo, para empezar de mis maestros y amigos Luis y Rómulo. De Oscar Valiente y todo el equipo de Norma Editorial, a toda la gente del stand que nos trató como a reyes. A mis compañeros y amigos que estuvieron allí aportando su presencia y aliento para que no olvidase quienes están a mi lado en los buenos y malos momentos. Especialmente gracias a mi socio, amigo y hermano Javier Charro, porque esto es verdaderamente ser equipo.

Fotaza de grupo con los chicos de Avalanch al completo, Luis Royo y Rómulo Royo ¡Y Marduk tras nosotros!! foto cortesía de Norma Ed.
Finalmente gracias a aquellos que esperaron con paciencia colas infinitas buscando una primera firma en sus codex.
Ahora retomamos nuestras trincheras con el sabor en la boca de saber que creamos los sueños y pesadillas que mañana vais a leer.



Aún no se han hecho públicas muchas de las fotos oficiales del evento, así que agradezco a todos aquellos que han colgado sus fotos privadas en Facebook el detalle de etiquetarnos y compartirlas. conforme vayan saliendo las recopilaremos y os mostraremos aquí un pequeño documento gráfico de estos intensos días vividos.

Un abrazo a todos los que nos visitáis.

Vilches y Charro


PD: (de mis notas en Facebook)

Este Salón no hubiese sido posible sin el apoyo y afecto de Luis Royo y Rómulo Royo. Sin la paciencia y comprensión de Óscar Valiente Norma Editorial, sin todo el equipo tras él: Susa, Gemma, Josefina y toda la gente de Stand que fueron insuperablemente amables. a pesar de trabajar hasta desangrarse jamás perdieron la sonrisa. Ellos lo hicieron posible.


Este Salón no hubiese sido tan especial si no lo hubiese vivido junto a mi socio, mi amigo, mi hermano Javier Charro; tenerte ahí fue el mejor regalo, compañero. Sin Borja Fresco Nekro niVhea y las risas que nos echamos juntos a poco de vernos. Estar con ellos es una aventura, siempre. Sin Paula Calero que vino desde Zaragoza haciendo un gran esfuerzo. Un detallazo increíble. Sin los Sms de Karla M. Carlotti Blazquez, dándome ánimos durante tres días!! o el recuerdo de la siempre peculiar Desirée Bressend a quien tanto echamos de menos. Los míos lo hicieron especial.


Este Salón no hubiese sido tan cálido sin toda la gente enorme de Barcelona. Sin esa Nebel DeVice y su sonrisa contagiosa. Ella es increíble. Sin Raul Guerrero, el guerrero del Kilt y el abrazo de oso. Los mejores anfitriones de todo Barna. Sin la presencia de Veronica Casas, to guapa con su corte de pelo rojo y su voz siempre dulce, sin Alassie y su buen humor contagioso, tan elegante ella siempre como la ropa que diseña o la incansable luchadora Carolina Bensler, preciosa Anna Garcia Rey, la increíble restauradora del trapecio, o la presencia de  Marta Threat y Narcisse Nevarre en ese grupo de locos que nos juntamos :P Son hamburguesas y tankes en el chelsie; Sueños y locuras en el tinta Roja y esos bocatas de lacón de medio kilo!! Ellos lo hicieron inolvidable. Tradiciones!! volveremos!! Volveremos!! es imposible no volver con gente así!!


Y este Salón no hubiese sido mágico sin haber podido ponerle cara a esos rostros desconocidos que presiden siempre todas mis noches en vela mientras escribo. Esos que uno trata en vano siempre de rescatar. Esos por quienes destinas cada gota de sangre en las páginas que sangran, esos que son los sueños de las noches que dejas sin dormir. Aquello que hicieron colas eternas, aquellos a los que en muchas ocasiones solo se les pude dedicar una sonrisa, unas palabras apresuradas y un garabato. De algunos solo tengo su paso fugaz por un stand. De otros sé... que tienen el pelo rojo como Lilith y leen versos que nadie lee como Lna Dl Caos. O se dejan convencer por un pirata para arrancar una sonrisa a la mujer que aman, como Marcos Oliva Carril, O traen a toda la familia al espectáculo de circo, como David Fiv y Juan bueno Cañada. O tienen ojos de miel como Diana Muñoz Carbonell... Se me escapan muchos, pero ya tienen nombre, ya tienen rostro.
Ellos pusieron la magia... Yo soy el afortunado.
Gracias a todos, por todo.

Vilches.

miércoles, 25 de abril de 2012

Flor de Jade: Elige su Destino. Acto V


Acto V

Verdades y Mentiras
fragmento de "Jäak" by CHARRO


—Espera, espera, espera… ¿De qué estás hablando? ¿Matarte?
La media sonrisa de Jäak Vihyou no está en consonancia con el gesto desencajado de mi cara. Parece que mi turbación le divirtiera y eso me enfurece. Me levanto casi de un salto, sin reparar que el cuchillo sigue en mi mano. No lo amenaza, pero se descubre. Casi lo había olvidado entre mis dedos. Compruebo que sus ojos pasan rápidamente hasta mis manos y evalúan el posible riesgo, sin que su gesto o su sonrisa se alteren.
    —Es algo que pertenece al pasado, Lya.
   —Es obvio que para mí, no.
   Ahora sí levanto el puñal contra él aunque solo fuese para dar mayor énfasis a mis palabras. Tengo la sensación de que está jugando conmigo.
  —No puedes hacerme creer que eres el responsable de mi falta de recuerdos, advertirme que me encuentro en peligro porque alguien me busca y que la razón de ello es que no acabé contigo cuando tuve la oportunidad. Si pretendes que tome eso como algo del pasado, estás muy equivocado, Jäak Vihyou, porque ese es mi único y maldito presente.

    Jäak baja durante un segundo la mirada al suelo de piedra de la habitación y permanece allí durante unos segundos. Luego la levanta despacio y me atraviesa con sus ojos verdes. Hay algo que me inquieta en su mirada: su profundidad. Está llena de palabras que no dice, de secretos que tienen que ver conmigo. Lo noto, lo percibo. Hay algo en esa mirada que me grita que es cierto. Aquel extraño y yo tenemos un pasado común, denso, salpicado de momentos que no recuerdo y, que si es cierto, él se encargó de borrar. No sé si eso es una buena o una mala noticia en este momento.

—Tienes razón. Supongo que mereces una explicación.
—Una larga, de hecho Hasta ahora solo has divagado.
Suena a exigencia.
Él suspira y en su suspiro se condensan un millar de emociones. Me da la espalda sin importarle que yo esté armada y le amenace abiertamente con la punta de mi puñal. Camina unos pasos despacio por aquella habitación pobremente iluminada. Se acerca de nuevo a su sillón y se sienta en él. Me mira. Yo estoy de pie, junto a la cama. Mi brazo sostiene rígido el puñal que bajo lentamente. Estoy impaciente por escucharle hablar.

—Formabas parte de una secta secreta de asesinos de élite vinculada a los templos de Aros, el Farsante. Una red secreta de asesinos, desconocida y considerada mito incluso por muchos de sus más altos jerarcas: Los Filos del Amanecer. Pocos saben que existen. No es fácil acceder a sus servicios. El ritual es complicado y los honorarios son extremadamente caros. El secreto, como comprenderás, es algo necesario en este oficio.
Hay algo en sus palabras que rebosa de convicción. No había oído hablar jamás de los Filos del Amanecer, pero no me cabe ninguna duda de que lo que cuenta es cierto. Es como si piezas inexistentes encajaran a la perfección en huecos imposibles de mi memoria.
—Continúa —le insto.
—Eras una de las mejores. Entrenada desde que tenías uso de razón y pudiste distinguir el filo de una daga de su mango. Habrás podido comprobarlo. Si tus habilidades han despertado en ausencia de tus recuerdos, supongo que para salir de tu cautiverio habrá hecho falta derramar un poco de sangre ¿me equivoco?
Recuerdo la celda. La facilidad con la que escapé de los grilletes. Mi mente calculando precisos movimientos sin que fuera realmente consciente de cómo podía hacerlo. Los movimientos certeros. Seis vidas sesgadas en pocos segundos. La sangre... 
Tiene sentido. Solo tiene sentido si lo que dice es cierto. Trago saliva.
—No te equivocas.
Él asiente apretando los labios y cerrando los ojos, como si su mente necesitase bucear en recuerdos intensos para continuar.
—Te encargaron eliminarme. Es evidente que no cumpliste tu parte del trabajo.
—¿Por qué?
Jäak queda muy serio en ese instante. Se muerde los labios. Vuelve a lacerarme con su penetrante mirada.
—Soy peligroso para ellos. Me enviaron su mejor carta, su mejor jugada. No querían fallos. No los esperaban. Quisieron darme una lección de crueldad eligiéndote precisamente a ti.
Le miré fijamente.
—No preguntaba por qué me lo encargaron a mi, sino porqué no lo hice. Por qué no te maté, si era la mejor.
Jäak desvía la mirada. 
Parece que hay duda en su mente. Una batalla. Al final decide concederme.
—Creo que no sería justo que fuese yo quien respondiese a eso.
Abro los ojos de la sorpresa. De todas las respuestas posibles, esa es el intento de quiebro más sarcástico que podría salir de aquellos labios.
—¿Justicia? ¿Me estás hablando en serio de justicia? Aseguras haber manipulado mi mente, haberme vaciado de recuerdos ¿Y te preocupas de la justicia? Tú habla y ya consideraré yo si es justo o no. Por lo que a mi respecta aún puedo acabar ese trabajo.
—¿Es una amenaza?
La voz de Jäak suena firme, suena a reto.Algo toca mi orgullo.
—Lo es. Y si tus palabras sobre mí son ciertas, deberías considerarla.
Él me mira con gravedad. Me sostiene una mirada que intento por todos los medios que no me afecte.  Se levanta con aplomo sin despegar sus ojos de los míos y se aproxima de un par de pasos lentos y sólidos. Prende mi mano con fuerza y coloca la punta del cuchillo sobre su corazón.
—Hazlo.
Hay un pálpito incontrolado en mi pecho. 
Por primera vez mis dedos tiemblan aunque soy capaz de no hacerlo evidente. Mis ojos van de la punta amenazante a la mirada de magma en sus ojos esmeralda. Quiero hacerlo. Siento mi ego doblegado ante su acto de arrogancia. En mi garganta hay un nudo espeso. 
Creo que él nota mi batalla y eso le hace sentirse confiado. Afianza la punta sobre su carne sin dejar de mirarme. Su mirada es una roca.
—No lo hiciste entonces. ¿Por qué ibas a hacerlo ahora?


Aprieto los dientes. No sé qué me detuvo en esos momentos de mi pasado que no puedo recordar, pero menos aún comprendo qué me retiene ahora. Pero le lanzo la respuesta que busca.
—Porque no te recuerdo. Porque no eres nadie para mi, apenas un rostro desconocido. Porque no hay ningún vínculo, ni sentimiento, ni nada que me impida hacerlo. Solo el saber que nadie me dará esa respuesta si hundo el puñal aquí y ahora.
Jäak Vihyou tarda en ofrecerme un gesto. 
Es una sonrisa de medio lado, no sé si de victoria o admitiendo la derrota.
—Touché. —Su respuesta me desconcierta—. Ahora eres otra persona. Has dejado de ser aquella que mandaron para matarme y también aquella que no lo hizo. Ya no eres la Lya que yo conocí. Por eso no tiene mucho sentido remover qué fue aquello que te frenó en esa ocasión. Muchas cosas han perdido su sentido para mí y para ti desde entonces.
Me sigue mirando. 
No conozco a Jäak, no a este Jäak, desde luego, pero su mirada es una lanza en mi pecho.
—¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué me vaciaste?
Esa frase le hace por primera vez huir de mis ojos. 
Noto que respira pesadamente y aprieta los labios.
—Para protegerme, claro. Fue un acto de supervivencia. Mandaron una asesina contra mí que no acabó su trabajo... Y para protegerte a ti. Sin esos recuerdos tenías más posibilidades de sobrevivir si te encontraban.
—A mi me dejaste indefensa. Esta situación lo demuestra. No sé con quien hablo, ni quién o cómo de grande es mi amenaza que dices que me persigue. Si he acabado en un prostíbulo en mitad de esta ciudad maldita, no sé si debo darte las gracias por tu protección. Quizá debería matarte, después de todo.
—Quizá yo debería de estar muerto, Lya. Quizá, tú también. Pero ambos vivimos. Ambos tuvimos una segunda oportunidad para empezar. Este fue el precio. Que no lo recuerdes es una ventaja, créeme. Yo sí he tenido que vivir con ello. Recordar cada día nuestra última conversación. Saber que existías. Asumir que para ti yo había muerto en realidad.
Aparto lentamente el cuchillo de su pecho. Nunca tuvo oportunidad de clavarse, algo en mi interior me lo dice. Me aparto de él y doy unos pasos ciegos en la habitación. Mi mente se satura de preguntas y más preguntas. Cada segundo conversando con aquel hombre salido de las sombras de mi pasado es una fuente más de dudas y de incógnitas.
—¿Por qué has vuelto ahora? ¿Por qué me cuentas todo esto sin despejarme una sola de mis dudas?
—Porque en realidad nunca me he ido. Porque siempre falto a mis promesas. Porque el pasado que tú olvidaste, el que te obligué a olvidar, es importante para mi. Pero para ti, lo importante es que has matado a un hombre por razones que desconoces. Eso ha traído de vuelta algunas sombras del pasado, sin pretenderlo. Sombras que podrían destruirte. Si no actúas con cuidado despertarás sospechas. Quienes te buscan a ti, me siguen buscando a mí. Sigo haciendo esto por egoísmo, Lya. Aunque no lo creas, solo me estoy protegiendo, una vez más. Alguien dentro de la Sirena te ha utilizado, solo pretendía advertirte. Lo que hagas a partir de ahora solo te concierne a ti.
Me da la espalda y camina hacia la única puerta de salida.


Hay algo que no encaja. Algo que me cuesta entender. Algo que probablemente oculta. Me deja casi tan vacía como al principio. Algo no está en su sitio. 
Tengo un súbito fogonazo de certeza.
—No. Este movimiento te delata. Tu seguridad estaba en las sombras. Yo no te recordaba. Salir no te protege, te expone. Advertirme es la excusa para mostrarte. Para regresar de las sombras. Necesitabas decirme que existes… ¿verdad?

Jäak se vuelve. Hay un brillo en los ojos. Inquietante.
—Yo nunca he existido, Lya… no pretendas entender mis motivos.
En sus labios se dibuja un amago de sonrisa triste que me deja clavada en el sitio. Es como si esa sonrisa despertase emociones en recuerdos que no tengo. Mi mente viaja y visualizo escenas difusas. Escenas de casi toda una vida que no tienen para mi ninguna conexión, aunque yo me reconozca como la protagonista. Es como ver fragmentos de una vida que no es tuya pero sabes que te pertenece. Esa sonrisa aparece en más de una de esas imágenes. Hay algo que se clava en mi corazón. ¿Recuerdos? Ni siquiera sé por qué me contagio de repente de esa sonrisa nostálgica.
Cuando parpadeo de nuevo en la realidad él ya no está.
En mi mente hay una encrucijada de alternativas.


"Jäak" by CHARRO

Opciones:

1.- Síguele, Lya. No puede irse así. Tienes que averiguar más de él.
Seguir a Jäak Vihyou

2.- Registra el lugar ahora que no está. Puede que haya información valiosa, no lo dejes pasar.
Registra la habitación.

3.- Tu problema es tu memoria. Él habló de un ritual. Quizá sea reversible.
Regresa a la Sirena y habla con el Cirujano.

miércoles, 18 de abril de 2012

Flor de Jade: Elige tu Destino. Acto IV Secretos


Acto IV

Secretos

Lya Acto IV  Seduction by CHARRO


La dirección me llevó hasta una tortuosa y oscura calleja perdida entre la maraña de calles del puerto. La puerta estaba a medio descolgar y el edificio, de tres plantas y aspecto sólido, parecía abandonado. Desde luego no era un lugar que encontrar por casualidad. Comprobé por tres veces que estuviera en el sitio indicado.
Ni rastro de nadie por los alrededores ni dentro de aquel desvencijado edificio que olía a pescado descompuesto, humedad y salitre. La puerta estaba abierta.
De hecho, casi se me queda en las manos al tratar de empujarla. Llevé mis dedos a la empuñadura del cuchillo que me había atado al muslo para darme algo de seguridad. Aquello tenía mala pinta y no hablo, precisamente, del estado de las paredes. No esperaba una bienvenida con músicos en un palacete, pero tampoco encontrarme en mitad de este estercolero sola como una rata.
Había llegado hasta allí y no iba a largarme hasta llegar al final, aunque para ello tuviese que poner patas arriba hasta el último rincón podrido del distrito del puerto.
Entré.
La oscuridad era penetrante y apenas distinguía las estrechas paredes de un pasillo que parecía morir en una estancia llena de desperdicio y montañas de basura.
Creí intuir otra puerta en el extremo de una de las paredes. El olor era nauseabundo. Si aquello era un escondite, estaba claro que era uno bueno. Ni a las moscas se le hubiese ocurrido pulular por allí por propia voluntad, pero yo tenía motivos para no dar marcha atrás y no lo hice.
A poco que me alejé de la puerta de entrada escuché un «clic» que me hizo saltar todas las alarmas. Me giré aprisa sólo para ser testigo de cómo caía con estruendo una pasada plancha de metal que sellaba la puerta por la que había entrado, impidiendo mi retirada. Apenas un segundo después escuché un silbido muy cerca de mí y noté cómo las rodillas comenzaban a aflojarse y mis dedos se volvían pesados.
Gas
La pestilencia alrededor evitaba que oliese, si es que aquello tenía algún olor. Me sentí estúpida. Parecía tan obvio que iba a caer en una trampa que casi había descartado la opción.
Mi mente se perdió entre mis recuerdos recientes antes de apagarse…
Volví en un segundo fugaz a los instantes previos que me habían llevado hasta allí… 

***

Llegó el «cirujano» y yo estaba aún en la bañera en mi habitación de la Sirena Varada. El tiempo se había detenido para mí en la calidez del agua.
Era un tipo de aspecto extravagante. Pequeño de estatura y cuajado de extraños tatuajes que alcanzaban incluso su rostro. No tenía pelo y su cara estaba salpicada de perforaciones: labios, cejas y su nariz se atravesaban con varas de madera o remaches de metal. De sus orejas colgaban desmesurados aros de bronce que abrían y dilataban hasta un punto dramático la perforación de sus lóbulos. Deduje que habría de ser una especie de shamán. Lo que me inquietó fue no recordar a alguien con un aspecto tan llamativo. Eso me hizo ser consciente de la debilidad en la que me encontraba. Sin mis recuerdos era muy vulnerable.
Recordé aquel pedazo de papel que alguien se había tomado la molestia de hacer colar en uno de mis bolsillos. Recordé las siglas de aquel nombre. Para bien o para mal era el único nombre que por el momento había retenido mi mente. Eso no significa que fuese un amigo, pero comprendí que era mi único clavo ardiendo.
Dejé a aquel pintoresco personaje hacer su trabajo.
Usó magia ritual para sanar por encima mis lesiones. Cánticos, ungüentos, pictogramas pintados en mi piel desnuda. Me dijo que había tenido suerte. La mayor parte eran contusiones y abrasiones de la piel pero ninguna revestía daño de gravedad. Tampoco encontró lesiones en hueso. Me preguntó cómo me había hecho aquello. Eran los daños típicos de una paliza. Me hubiese encantado tener algo con qué responderle.
           
            Los grifos que había pintado en mi cuerpo harían su trabajo en las horas siguientes. Con todo, la mayor parte del dolor y las molestias desaparecieron con aquella primera intervención. Täarom se mantuvo allí, paciente y quieto. Notaba su mirada preocupada que, en cualquier caso, a veces se escapaba a rincones más íntimos pero que se esforzaba por reconducir y disimular. No dijo palabra tampoco mientras busqué una ropa adecuada que ponerme, después de que el «cirujano» se marchara.
Me tomé mi tiempo.
Trataba de valorar mis opciones, decidir si hablar allí y ahora me iba a perjudicar más que beneficiarme.
No tenía garantías de nada. Se supone que era mi casa, que aquella gente eran las personas más cercanas a mí, pero resulta angustioso no recordarlo. No saber qué diferencias o vínculos has tenido con ellos hasta ahora. Dudar de a quién debía ofrecer mi confianza. Quizá ninguno de ellos tenía nada que ver con lo que me había ocurrido, pero entonces… ¿por qué ese mensaje me lo hacía dudar? Quien lo escribía parecía tener mucho más claro que yo la implicación de la gente que me rodeaba en la suerte que había corrido en las últimas horas. Quien lo escribía sabía cosas que probablemente no iba a descubrir aquí. O eso, o era lo bastante listo como para sacarme del único lugar en el que iba a encontrar apoyo. Era un riesgo que debía correr o puede que estuviera haciéndole el juego a quien me había provocado la encerrona.
            Después de cambiar por quinta vez de sandalias, miré a aquél hombre que trataba de no parecer nervioso ante mi presencia. Acabé de anudarlas con parsimonia y acaricié delicadamente mi pierna hasta el muslo. Entonces alcé mi mirada hacia él que esquivó mis ojos sintiéndose cazado.
            —Si estás lista puedo decirle a Diva que…
            —Cierra la puerta —le insinué sin dejarle terminar.
Sé que le pareció extraña mi petición pero la cumplió sin chistar. Yo aproveché para llegar a su altura y quedar maliciosamente cerca para cuando se volviese. Su reacción fue exactamente la que buscaba cuando al girarse me encontró invadiendo su espacio y mirándole directamente a los ojos.
Noté su turbación. Casi podía masticarla.
            —Diva puede esperar un poco, ¿no crees? —dije avanzando unos centímetros más.
            —Bueno… hacerla esperar es… —Silencié su frase poniendo mi dedo índice sobre sus labios. Casi se traga las palabras. Había un punto divertido, lo reconozco.
            —He visto cómo me miras…  
Estaba tan nervioso ante mi proximidad que dio un paso hacia atrás solo para encontrarse con aquella puerta cerrada a su espalda.
Atrapado.
Un nuevo paso en su dirección.
Él gira la cabeza para no mirarme pero yo le fuerzo a mantenerme la mirada agarrándole suavemente de la mandíbula.
—¿Vas a negarlo?
Él balbucea.
—Lya… todo… todo el mundo te mira… así.
—Bueno… tú eres más discreto, más elegante. Me gusta cómo me miras… no te lo había dicho nunca antes… pero esta noche he estado a punto de morir y supongo que…
Le acaricio delicadamente el pecho con mis dedos. Dejo la frase en suspenso. Noto como su respiración se agita.
—Siempre te he considerado atractivo…
Se derrumba.
Acabo de tocar muro.
—A..aa… mi? ¿Yo? Osea… ¿tú… crees…?
—Me miras con delicadeza y eso me halaga. Estoy rodeada de cerdos, muy ricos, pero cerdos… sin embargo tú…
Sigo aproximándome, haciendo que mi cuerpo y el suyo cada vez tengan menos puntos sin contacto. Está temblando entre mis manos. Por una parte me hace sentir bien. Tengo más poder sobre él que nadie en este instante… por otro lado, noto su fragilidad. Hay algo en él que realmente me conmueve.
—Ly… Lya, si Xan entra ahora y me descubre así… contigo, soy hombre muerto, y lo sabes. ¿Por qué… por qué me dices esto ahora…?
¿Xan?
Algo me desconcierta. No esperaba ese ingrediente en el guiso.
Hay que salir deprisa.
—Un poco de riesgo lo hace todo más emocionante… ¿No crees?
—No, tratándose de la Xan que yo conozco… aunque… —Acerco tanto mi boca a la suya que casi percibo el temblor de sus labios—. No sé… no sé qué te pasa Lya… o tú no eres la misma persona de hace dos noches o debo estar soñando.
—Puede que no sea la misma persona —ni imagina hasta qué punto no lo soy —Lo cierto es que necesito que hagas algo por mi — modulo mi voz hasta casi el susurro muy cerca de su oído— y puedo hacer que no quieras despertar de tu sueño.
—Sabía… sabía que tramabas algo.
—Soy mala… pero puedo ser peor —le susurro.
—Eres cruel solo por diversión—. Noto que algo ha cambiado en su tono de voz que hace que me aparte un poco de su contacto. Le miro a los ojos y veo un poso de tristeza en ellos. —Sabes que haría lo que me pidieses sin necesidad de montar este teatro. Siempre lo he hecho, ¿no? Estoy aquí para eso.
Su mirada me rompe el corazón.
Me aparto y agacho la cabeza. La chica mala ha sido demasiado dura. Hay que sacar a la chica buena.
—La verdad es que necesito que me ayudes. Necesito volver a las calles.
—¿A las calles? ¿Ahora?
—Debo solucionar algo antes de hablar con Diva.
Alzo la mirada y trato que parezca lo más inocente posible.
—Esto no me gusta.
Parpadeo.
—Oh, Cleros, no tardaré en arrepentirme. ¿Qué esperas que le diga a Diva?
 —No sé, que he quedado dormida, que necesitaba descansar. Confío en que sabrás decirle lo más indicado. Solo serán unas horas. No tardaré. Nadie sabrá en realidad que he estado fuera.
—¿Y si te ocurre algo? Nos has tenido preocupados.
—He vuelto ¿verdad? —más parpadeo. He comprobado que es una buena arma. —Prometo volver rápido y sana. ¿Me cubrirás? Por favor…
—Maldición —rebusca en su cinto y extrae un amplio cuchillo—. Toma esto… y lárgate antes de que recobre el sentido.
Bajo los ojos, sonrío antes de tomar el puñal. Le miro con gesto agradecido.
—Hablaba en serio cuando dije que te encontraba atractivo.
Él sonríe y sacude la cabeza. Yo le guiño con un poco de malicia. Ese es el instante preciso en el que sé que no va a delatarme.
Confiaba en estar de regreso en unas horas.
No pudo ser…

"Secretos" by CHARRO

***


Despierto con pesadez. Tardo en ubicarme.
Estoy en una cama.
¡No, otra vez!
¡Espera!
Sigo vestida. No estoy encadenada…

La luz anaranjada de la habitación es tenue pero confortable. De la impresión, he acabado sentada en la cama. Aún me froto las muñecas, aliviada por no tenerlas prisioneras. Con la rapidez con la que muevo la cabeza no soy capaz de percatarme de una figura abrazada a medias por las sombras, sentada en un sillón cerca de los pies de la cama. Es su voz quien me la descubre.
—Bienvenida de vuelta, Lya.
Parpadeo. Enfilo la mirada y le encuentro.
No puedo apreciar sus rasgos con exactitud pero de primera impresión me parece un hombre maduro, recio de torso. Viste ropas elegantes aunque no especialmente caras. Tiene el pelo revuelto de un color rubio oscuro y luce una barba cuidada que le aporta magnetismo. Su voz es gruesa, sonora, casi sensual.
Su lenguaje corporal no es amenazante y yo no me hallo prisionera en algún modo, a pesar de que mi inconsciencia le ha dado la oportunidad de reducirme.
Me quedo en silencio y le observo. Mis ojos se percatan de que el cuchillo de Täarom está sobre las sábanas, justo a mis pies. Él nota cómo mis pupilas recorren el arma.
—Lo llevabas contigo, creo —me informa leyendo mis pensamientos—. Puedes tomarlo. No quiero que pienses que estás aquí en contra de tus deseos. Has venido por tu propio pie.
—¿El numerito del gas era necesario? —Me resuelvo a responderle con ironía—. Me hubiese bastado una bienvenida menos llamativa.
Él carcajea débilmente. Esa risa sutil activa algo en mi recuerdo dormido. Me es extrañamente cercana y familiar. 
—Lo era, para tu seguridad y la mía.
—Imagino que estoy hablando con Jäak Vihyou.
Él queda un instante en silencio. Su presencia tiene un aura que me intriga.
—Si lo preguntas, es porque no me recuerdas, aunque es todo un acontecimiento que hayas deducido ese nombre de unas simples siglas. No recuerdo habértelo mencionado en ningún momento. Parece que tu memoria lo ha mantenido a salvo. De alguna forma me siento halagado.

Lo cierto es que ese nombre es el único que se mantiene en mi cabeza y no doy explicación a ello. Lo he relacionado rápida y fácilmente, como si no hubiese otra posibilidad y no sé por qué.
—¿Interpreto que nos conocemos?
Él inspira sonoramente y mantiene un silencio dramático antes de contestar.
—Nos… conocemos. O al menos… nos conocíamos.
Me incorporo lentamente sobre la cama. Mi nueva visita al inconsciente me ha dejado de recuerdo cierta sensación de mareo.
Necesito sujetarme la frente. Solo dura un instante.
—Bien, hechas las presentaciones y en vista de que somos viejos amigos… ¿por qué no me cuentas de una maldita vez qué diablos está pasando y por qué no puedo recordar absolutamente nada de mi vida?
Él se levanta despacio. No se aproxima a mí. Se da la vuelta lentamente y comienza a andar por la habitación. Yo aprovecho ese instante en el que me ofrece la espalda para agarrar el cuchillo a mis pies. Prefiero andar armada, por si acaso.
—Temo que soy el responsable en parte de tu falta de memoria—. Me desvela volviéndose hacia mí. La dirección rápida de sus pupilas me hace saber que se ha dado cuenta de que el cuchillo ya no está a la vista. No tengo tiempo de reaccionar. La noticia me atrapa de sorpresa.
—Entonces tienes mucho que explicar.
—¿Has venido a eso, no? El cuchillo no te va a hacer falta para sacarme el resto de información, te lo aseguro.
Me siento cazada, pero prefiero tener el arma en mi mano.
—Has matado a un hombre. Por eso despertaste en una celda. Era un hombre poderoso en esta ciudad, muchos le deseaban muerto, pero te han utilizado a ti para acabar con él y su muerte complica mucho la situación, incluida la tuya.
Carcajeo nerviosa.
—No te creo. Soy prostituta. Es de las pocas cosas que he sacado en claro en estas horas. No soy ninguna asesina.
Él cruza los brazos.
—En eso te equivocas. Eres una asesina, una de las mejores… pero eso era algo que nadie debía de saber, incluida tú.
Un extraño calor me invade.
Hay una sensación de certeza absoluta en lo que dice. Algo dentro de mí me advierte que sus palabras son ciertas. Aquellos hombres en la celda. No podría haber acabado con ellos como lo hice si lo que este hombre cuenta no fuese cierto. Mis movimientos precisos, mi mente calculando sin mi permiso… pero entonces…?
Creo que mi rostro deja traslucir el enjambre de dudas que me invade.
—Entiendo que sea algo complejo de asumir —me consuela.
—¿Complejo? No sé si es la palabra adecuada…
—Algo dentro de ti te dice que es cierto. Probablemente alguien te ha usado para matar al Príncipe Escarlata, alguien cercano. Ha sido una muerte que tú no planeabas, no podías hacerlo. Te han usado… pero, que estés aquí ahora, que hayas salido de esa celda me hace entender que has tenido que recordar tus habilidades durmientes en un momento en el que tu vida corría serio peligro ¿me equivoco?
Respiro hondo.
Venía buscando respuestas y de momento solo tengo más preguntas.
—¿Quién eres tú y cómo sabes tanto? —En esta ocasión un impulso incontrolado me hace amenazarle apuntándole con el cuchillo en mis manos. Él observa la hoja sin inmutarse. Contesta muy despacio, sin el menor rasgo de alteración.
—Me llamo Jäak Vihyou. Hubo un tiempo en el que nos conocíamos. Un tiempo que para tu seguridad debí borrar de tu memoria. Empezaste una nueva vida, lejos de la anterior, lejos de todo vínculo conmigo. Así acabaste en la Sirena Varada. Aunque no las recordases, tus habilidades seguían ahí. Todo el mundo sabe que en la Sirena se compra y se vende algo más que placer. Te hicieron un encargo. Un encargo que no has cumplido. Alguien te ha usado para eliminar a uno de los Príncipes más influyentes del consejo de los 600 de esta ciudad. Quien lo ha hecho se encuentra cerca. ¿La razón? La desconozco pero ha activado algo en tu cabeza, algo que te pone en peligro. Tu pasado regresa Lya… y quienes te buscan lo van a aprovechar para cazarte.

—¿Cazarme? ¿Por qué.. para qué? ¿Quién me busca? ¿Qué se supone que hice para que vengan a por mí?
—Quienes te buscan son mucho más peligrosos que quienes te han encontrado. Y no es lo que hiciste, sino lo que dejaste por hacer lo que les importa.
—¿Qué no hice?
Jäak sonríe.
Mira hacia el suelo. Percibo que hay una batalla en su mente. Sabe que darme ese dato no es pertinente, pero quiere dármelo. Por alguna extraña razón quiere descubrirse.
—Lo que no hiciste fue… matarme.

Un escalofrío me recorre de parte a parte.




Opciones:

1.- (Ohh, Jäak, tienes mucho, mucho que explicar y lo vas a hacer ahora)
Consigue toda la información que puedas de este hombre por los medios que sean.

2.- (Ese es todo el problema? He matado a seis tipos en una noche, uno más…)
Mátale y acaba con esto.